El Comunicado


de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional

VOLUMEN III, NÚMERO 11


EN ESTE NÚMERO

'¿También tú saltarás al lago?'
Los profetas y la predicación del evangelio

'¿También tú saltarás al lago?'

Cuando yo era niño, mi madre a menudo me advertía en contra de seguir ciegamente la guía de otros. Ella me decía: "Si todos los demás saltan al lago, ¿significa eso que tú también tienes que hacerlo?" La respuesta de muchas personas a este tipo de pregunta ¡es un trágico y enfático sí!

Todos sentimos la influencia de la gente a nuestro derredor. Con frecuencia, tenemos la tendencia de imitar las acciones de los demás sencillamente porque parece que todos lo están haciendo. Son pocas las personas que piensan seriamente en las consecuencias o en el futuro.

Hemos visto que millones de personas en Alemania siguieron el paso de ganso de un dictador fanático a una muerte prematura y fueron causa de la ruina de muchas vidas. Leemos acerca de decenas de millares que marcharon juntos a la desilusión y el sufrimiento en los ejércitos de las Cruzadas, de Napoleón y de Gengis Kan. Sabemos de los millones que dedicaron sus vidas al crecimiento del comunismo.

Somos seguidores

Podemos darnos cuenta por la moda en el vestir, por las actividades en las que participamos y por los estilos y tendencias, de que las personas son, en su gran mayoría, seguidores. Tal vez cuando fuimos niños pequeños llegamos a decir, al pensar en Jesucristo: "Donde me guíes, yo te seguiré", pero en realidad, los más siguen los caminos que sigue la mayoría de la gente a nuestro derredor. La mayoría no hace lo que le parece malo; ellos creen que están haciendo algo que es correcto y bueno (Proverbios 14:12).

Es raro encontrar una persona que piensa de manera profunda y toma sus decisiones con base en la lógica, la observación, el buen consejo y, lo que es más importante, con base en las Sagradas Escrituras.

Tomar la decisión de hacer algo es fácil, siempre y cuando todos los demás lo estén haciendo. Cuando una persona toma la determinación de hacer lo que es correcto, sin que le importe cuáles sean las consecuencias, entonces esa persona esta dando muestras de carácter y de la habilidad para pensar con claridad.

En 1 Corintios 15:33 Dios inspiro al apóstol Pablo a advertirles a los cristianos que no fueran engañados: "No erréis; las malas compañías corrompen las buenas costumbres" (Nueva Reina-Valera). Usamos refranes tales como "una manzana podrida puede echar a perder todas las demás manzanas" para ayudarnos a recordar ciertas directrices del buen vivir. Si ponemos una manzana buena dentro de un barril lleno de manzanas podridas, eso no hará que las manzanas malas se vuelvan buenas. No obstante, muchos cristianos son tan ingenuos que creen que esto puede suceder en sus relaciones interpersonales.

Los jóvenes tienen muchísimo entusiasmo, energía, empuje y celo. Esto es vital para el progreso, y cuando se encausa apropiadamente, da como resultado el éxito y los logros. No obstante, para las masas esta exuberancia es a menudo manipulada para propósitos que únicamente dan como resultado desilusión, pesar y dolor. La humanidad todavía no ha aprendido que hay un solo camino que lleva a la vida: el camino de Dios.

Es necesario examinar con frecuencia nuestras actitudes y creencias. Como humanos, tenemos la tendencia de evitar el esfuerzo que a menudo se requiere para alcanzar una relación verdaderamente íntima con Dios. Siendo humanos, no nos es fácil ni natural ir contra la corriente de la sociedad entera en que vivimos. No obstante, ¡eso es exactamente lo que Dios espera de nosotros! Él da directrices claras en las Sagradas Escrituras para un estilo de vida que promueve libertad y felicidad.

La libertad lleva en sí obligaciones

La libertad lleva en sí la obligación de decidir y actuar, y no debemos confundirla con el libertinaje. Dios nos dice que esta sociedad no tolerara sus camino justos. En Juan 17:14-15 Jesús le pidió al Padre que guardara a su pueblo del mal. Hablando de sus seguidores, dijo: "No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo". No estamos viviendo en el mundo que Dios aprueba y ama. Él ama a la gente de este mundo y tiene el propósito de terminar con la ceguera, la dureza de corazón, la codicia y otros vicios que plagan a nuestras sociedades.

Regresemos a la sabiduría de las palabras de mi madre. Es cosa fácil seguir la corriente de la multitud. Pero Jesús dijo: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo 7:13-14). Dios no se agrada de aquellos que están prontos y ansiosos de saltar al lago con todos los demás. No es correcto ni bueno simplemente porque todos los demás lo están haciendo.

Dios se ha reservado la prerrogativa de forzarnos a pensar por nosotros mismos, y a pensar correctamente, con la guía de su Palabra. Todos nosotros tenemos la libertad de rechazar la obra de Dios porque él quiere en su familia "hijos obedientes" por voluntad propia (1 Pedro 1:14). Él quiere hijos e hijas que puedan tomar decisiones correctas y buenas cuando se les ha dado la Palabra de Dios y el conocimiento de la verdad.

Esto no es muy diferente de un científico que está aprendiendo a pensar por sí mismo, pero que es guiado por las leyes de la ciencia. Sería insensato hacer a un lado esas leyes y tratar de trabajar en el campo de la ciencia sin saber y utilizar las leyes del universo físico. Es triste decirlo, pero la mayoría de las personas están dispuestas a permitir que alguien más piense por ellas en muchos aspectos vitales de la vida. Algunos se las ingenian para evitar durante toda la vida la responsabilidad de tomar decisiones sabias.

Valor y determinación

Dios no les prometió a sus seguidores una vida fácil. Les dijo que se requeriría de mucho valor y determinación para entrar en la vida eterna. Adquirir y fortalecer estas y otras características poderosas y valiosas es algo que complace a Dios grandemente. Jesús sufrió por nosotros y fue perfeccionado por lo que sufrió. Puesto que nosotros debemos seguir sus pisadas, también en ocasiones se nos permite sufrir.

En 1 Pedro 5:1 encontramos una fuerte amonestación a los ancianos a quienes se les ha dado el privilegio de servir a los hijos que Dios ha escogido. Esta es una gran responsabilidad. El apóstol Pedro nos dice en el versículo 6 que permitamos que Dios guíe nuestras vidas. Después, en los versículos 8-10, nos dice que debemos ser sobrios y debemos vigilar la manera como conducimos nuestras vidas. Debemos ser tenaces en buscar la guía de Dios porque a Satanás se le ha dado el control sobre los asuntos de este mundo; y puesto que él es el adversario de Dios, también es nuestro adversario. Conforme nos sujetamos a la mano de Dios y resistimos los caminos de este mundo, Dios nos perfeccionará, fortalecerá y establecerá a su debido tiempo.

Podemos ver que es muy bueno para nosotros el mantenernos fuertes y firmes, basados en la "verdad". Esto nos ayuda a desarrollar el carácter justo que Dios quiere que tengamos. Al crecer en una familia con una madre como la que yo tuve, algo de esa clase de carácter fue formado en todos sus hijos.

Seguir el camino de bondad, justicia, rectitud, honradez e interés altruista, sin importar el costo, es el único camino que lleva a la paz y libertad verdaderas. Para aquellos que permiten que Dios obre obra en sus vidas, les es fácil conciliar el sueño y dormir apaciblemente.

De pie a orillas del lago

¿Que acerca de usted? ¿Está de pie a orillas del lago, observando las acciones de otros, y si ellos saltan al lago, saltará usted también?

Tenemos mucho trabajo que hacer. No perdamos el tiempo mirando lo que hacen los demás. Ocupémonos en los negocios de nuestro Padre y mantengámonos siempre en los caminos de Dios. Debemos salir de este mundo. La vereda estrecha y difícil se convierte en la más hermosa y satisfactoria.

-Robert Berendt

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Los profetas y la predicación del evangelio

El ánimo que Dios les dio a Jeremías y Ezequiel nos puede ayudar
en nuestra estrategia para predicar el evangelio hoy en día.

Constantinopla fue durante 1.000 años la capital del Imperio Bizantino (o Imperio Romano de Oriente), con el cristianismo como su religión a partir del siglo cuarto. En 1453 todo eso cambió, y así permaneció durante aproximadamente 500 años.

Mohamed II sitió la ciudad para convertirla en la capital del Imperio Otomano, que en su apogeo se extendió desde el Danubio hasta el Éufrates. Ese imperio perduró hasta la primera guerra mundial.

Él puso culminación al sitio llevando por tierra los enormes cañones de bronce de su flota de guerra para evitar las cadenas que estaban a lo ancho de la desembocadura del puerto. Entonces bombardeó la ciudad desde el interior del puerto.

El 29 de mayo de 1453, abrieron brecha a través de las murallas y los soldados otomanos invadieron Constantinopla y subyugaron a las poblaciones judía y cristiana. Según una historia de aquel tiempo, los intelectuales cristianos en la ciudad sitiada (¡a unos cuantos días de volverse mahometana durante los 500 años siguientes!) estaban preocupados con las siguientes cuestiones teológicas:

Tanto si es verdad como si no lo es, existe un paralelo perturbador con nuestros tiempos. Mientras la sociedad parece estar desmoronándose en la actualidad, muchos parecen estar preocupados con debates similares. Pero nosotros no tenemos que caer en esa trampa. Podemos permitir que estos tiempos peligrosos nos motiven a proseguir con la labor que se nos ha dado de predicar el evangelio en todo el mundo.

La Iglesia de Dios siempre ha difundido el evangelio

Las noticias recientes procedentes de nuestra oficina central ilustran cómo una vez más parecemos estar bien situados para crecer. El tesorero Tom Kirkpatrick, comentando sobre nuestros ingresos, dijo: "Nuestra estabilidad financiera nos da ahora la habilidad para continuar cumpliendo vigorosamente la comisión de la iglesia". Esto ha sido evidente por las solicitudes de publicaciones, las cuales han sido más del doble de lo que fueron el año pasado. Algunas personas que llaman en respuesta al nuevo programa de radio, preguntan: "¿Son ustedes el mismo programa como Herbert Armstrong?"

Nosotros ciertamente nos esforzamos para continuar el llamamiento y la comisión de nuestro pasado reciente. Este llamamiento también es un paralelo del que les fue dado a Jeremías y Ezequiel. Podemos aprender mucho acerca de los retos de la predicación del evangelio si analizamos la instrucción que estos dos profetas recibieron de Dios.

Los problemas de Jeremías y Ezequiel

Jeremías fue llamado para predicar el mensaje de Dios en Jerusalén al mismo tiempo que Ezequiel fue llamado, a 1.100 kilómetros de distancia, en Babilonia. A Jeremías se le informó acerca de los problemas con los que él se encontraría, y se le dijo que, a pesar de ello, debía cumplir con su llamamiento. Su respuesta inmediata estuvo bastante carente de entusiasmo. Como Moisés, él alegó incompetencia diciendo que era demasiado joven (Jeremías 1:6). Pudo haber querido decir que él era demasiado joven como sacerdote y le faltaba experiencia. O pudo haber reflejado su naturaleza introspectiva y que él, por temperamento, se sentía incompetente.

Parafraseando la respuesta de Dios en lo que se refiere a nosotros: "¿Crees que no sé lo que estoy haciendo al llamarte? No tengas miedo de las miradas de la gente, porque yo haré que digas las palabras correctas" (vv. 7-8).

También nosotros podemos sentirnos abrumados por el llamamiento de Dios y sentirnos incapaces de llevar a cabo la tarea que nos ha encomendado. Dios previó que habría reacciones negativas hacia la predicación de su verdad. Él le dijo a Jeremías que no se sintiera desanimado al respecto. Nos desalentamos al ver la falta de seriedad en las personas cuando les hablamos en nombre de Dios. También hubo una advertencia personal, que si Jeremías permitía que las actitudes apáticas lo disuadieran de hacer la obra, Dios atribularía a Jeremías delante de sus detractores (v. 17). Dios sabía que la gente lucharía contra él, pero le aseguró a Jeremías que ellos no tendrían éxito porque Dios estaría con él (v. 19).

Ahora bien, parece que Ezequiel tenía una personalidad diferente, pero enfrentaba los mismos problemas. En lenguaje gráfico Dios describió a su público como "hijos de duro rostro y de empedernido corazón" (Ezequiel 2:3-4). Tanto si escucharan como si no lo hicieran (porque al fin y al cabo eran "una casa rebelde"), de cualquier manera Ezequiel tenía que llevarles el mensaje de Dios (v. 5).

De acuerdo con su propósito, Dios quiere asegurarse de que nuestros pueblos conozcan en el futuro que hubo profeta entre ellos. No veremos gran parte de los frutos de nuestra labor hasta más tarde.

Sabiendo que sus instrumentos humanos pueden llegar a desalentarse, Dios le describió con compasión a Ezequiel las actitudes de la gente: Aunque la oposición de otros nos lastime, y las palabras y miradas nos intimiden, no debemos ser disuadidos de llevar a cabo la tarea que se nos ha encomendado. Se nos dice que la reacción de la gente a la verdad será como zarzas, espinos y escorpiones (v. 6). Los espinos pinchan nuestra piel y nos hacen sangrar. Las picaduras de los escorpiones causan un dolor agudo. De manera similar, sus palabras y miradas pueden desmoralizar y debilitar nuestra decisión.

Dios deja en claro que ya sea que ellos escuchen o rehúsen hacerlo, aun así debemos hacer el trabajo y asegurarnos de no ser rebeldes como ellos (Ezequiel 2:6-8). Dios conforta a Ezequiel y al hacerlo explica que la razón por la que ellos no nos escucharán es porque tampoco lo escucharán a Dios. Ellos no son receptivos porque su naturaleza es "dura de frente y obstinada de corazón" (Ezequiel 3:7-9). Entretanto que predicamos la verdad de Dios, debemos recordar que ellos no nos escucharán debido a que tienen un corazón duro e insolente.

Al igual que Jeremías y Ezequiel, nosotros no debemos desanimarnos ante el hecho de que no tengamos una respuesta positiva. Las miradas maliciosas y las palabras hirientes son la reacción natural de una nación rebelde.

También los parientes y los amigos pueden desanimarnos

Es interesante darse cuenta de que en ocasiones aun la familia puede obstaculizar el evangelio. En el caso de Jeremías, sus familiares, probablemente debido a que se sentían avergonzados por lo que él decía, se juntaron con otros para estorbar su predicación pública. Dios deja en claro que Jeremías corría peligro de ser engañado por la familia (Jeremías 12:6).

En la actualidad, podemos tener dificultades similares con los parientes incrédulos. También, por extraño que parezca, parte de la oposición al evangelio viene de la familia espiritual que tenemos dentro de la Iglesia. Tal vez el deseo de aplacar a otros ocasiona que erremos, cuando debiéramos caminar en fe y defender la verdad.

Sin embargo, hay esperanza

Dios le explica a Ezequiel que, a pesar de que ellos tienen ojos que no pueden ver y oídos que no quieren oír, que aun así él debe seguir adelante y predicar "por si tal vez atienden" (Ezequiel 12:2-3). Esto es muy reconfortante. Si tan sólo una persona responde al llamado de Dios, nuestros esfuerzos bien valen la pena. Ezequiel vendría a ser por señal más tarde cuando la gente se diera cuenta de que las palabras que él había hablado se habían cumplido.

Dios explica que la falta de respuesta tiene que ver con las actitudes de la gente que dice: "La visión que éste ve es para de aquí a muchos días, para lejanos tiempos profetiza éste" (vv. 6, 25-27). ¿Acaso no es verdad esto en nuestra historia? Lo que la Iglesia ha predicado, aún no ha sucedido, así que ellos no le hacen caso a la advertencia. Pero los profetas tenían que llevar a cabo su tarea ya fuera que la gente escuchara o no. Más tarde ellos sabrían que un profeta de Dios había estado entre ellos (Ezequiel 33:31-33).

No obstante, a pesar de saber esto, la falta de respuesta puede hacernos sentir que no estamos logrando mucho. Elías sintió esto, ¡por lo que podemos sentirnos muy bien acompañados! Parece extraño que después del triunfo en el monte Carmelo y la ejecución de los sacerdotes de Baal, él se diera por vencido tan sólo por una amenaza de muerte por parte de Jezabel. Ella había tratado de matarlo durante años. Pero la tensión emocional puede convertirse en la gota que derrama el vaso, de manera que él huyó.

Dios socorrió a Elías por un corto tiempo; luego le informó algo de lo que él no se daba cuenta. Había 7.000 personas que no se habían inclinado ante Baal ni habían besado al ídolo. Elías probablemente no sabía acerca de estas personas. Es obvio que cuando predominaba el paganismo de Acab y Jezabel, las personas que temían a Dios se habrían mantenido escondidas. El apóstol Pablo se valió de esta ilustración de personas que permanecen fieles al pacto de Dios cuando hizo alusión a un remanente en Israel (Romanos 11:1-5).

¿Qué acerca de los tiempos del Nuevo Testamento?

Aunque Justo, Crispo y muchos otros en Corinto creyeron y fueron bautizados como resultado de la predicación del apóstol Pablo, él se sintió perturbado debido a otras personas con actitudes intransigentes contra él. Este estorbo fue suficiente para ocasionar que él decidiera dejar Corinto e hiciera planes de irse a otro lugar (Hechos 18:6-11). Pablo concluyó que su trabajo allí había terminado, pero Dios pensaba de manera diferente. Debido a que Pablo había determinado irse de la ciudad, Dios le dijo en una visión de noche: "No temas, sino habla, y no calles; porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad". Pablo fue obediente y se quedó otro año y medio. Nosotros también podemos ser cortos de vista y permitir que la resistencia a nuestros esfuerzos nos desmoralice.

Así como Juan el Bautista preparó el camino para la primera venida de Cristo, así también la Iglesia de Cristo está preparando el camino para su segunda venida (Marcos 1:2-4).

Nosotros tenemos la comisión y la obligación de predicar el evangelio. Pablo expresó su papel de esta manera: "Sin embargo, cuando predico el evangelio, no tengo de qué enorgullecerme, ya que estoy bajo la obligación de hacerlo. ¡Ay de mí si no predico el evangelio! En efecto, si lo hiciera por mi propia voluntad, tendría recompensa; pero si lo hago por obligación, no hago más que cumplir la tarea que se me ha encomendado" (1 Corintios 9:16-17, Nueva Versión Internacional).

Pablo prefería sacrificarse y de corazón asegurarse de que el evangelio estuviera disponible. Él preguntó cómo podría alguien oír la verdad a menos hubiera quien la predicara (Romanos 10:14-17). Si nosotros nos sentamos y dejamos de participar, ¿cómo podrían oír alguna vez aquellas personas que podrían haber sido alcanzadas por nuestros esfuerzos? Cuando Jesús estuvo sobre la tierra él estuvo ocupado en los negocios de su Padre. Él dijo: "Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar" (Juan 9:4).

La sociedad se corrompe a nuestro derredor. ¿Podemos acaso darnos el lujo de dormir sobre nuestros laureles y permitir que la oscuridad nos dé alcance? Tengamos la valentía y el corazón para la predicación del evangelio. ¡Participemos en sembrar la semilla!

-Graemme Marshall

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