El Comunicado


de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional

VOLUMEN V, NÚMERO 2


EN ESTE NÚMERO
1
La muerte y vida de Jesucristo
3
El agua sucia no basta
5
¿Cuál es su límite?
7
Mas el que persevere hasta el fin
9
11 ancianos ordenados en Ghana
10
Reflexiones sobre el viaje a Ghana
11
El campamento en Chile tuvo buen éxito,
pero fue demasiado corto
11
93 se gozan en el campamento
juvenil en Guatemala


La Pascua y la Fiesta de Panes Ázimos

La muerte y vida de Jesucristo

Las iglesias del cristianismo nominal aceptan la muerte de Jesucristo,
pero la mayoría parece ignorar el verdadero significado de su resurrección.
Dios espera que su pueblo entienda ambas.

La mayoría de los que profesan ser cristianos buscan la redención en la observancia del Domingo de Resurrección. Los partidarios de los servicios celebrados a la salida del sol consideran que esta fiesta señala hacia un Jesucristo resucitado, pero cuando se trata del significado de su muerte y resurrección, el sol se pone rápidamente.

Las diferencias entre la Pascua bíblica y el Domingo de Resurrección son asombrosas. La Biblia no habla del Domingo de Resurrección por varias razones: Este día no representa a Jesucristo; se originó en el paganismo, miles de años antes del cristianismo; y posteriormente fue adaptado al cristianismo nominal. No obstante, la Biblia sí habla de la Pascua y de la Fiesta de los Panes sin Levadura. Jesús y sus apóstoles guardaron estas dos fiestas instituidas por Dios.

La Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura representan simbólicamente la muerte y la vida de nuestro Salvador Jesucristo. Sin los resultados de estos dos acontecimientos trascendentales, "somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres" (1 Corintios 15:19).

La Pascua y la muerte de Jesús

Dios empieza su plan maestro de salvación con la Pascua, la primera de sus siete fiestas anuales. Cada fiesta representa un paso significativo hacia la salvación final de la humanidad, así como también su gloriosa conclusión.

La Pascua no es un día santo, pero sí es una fiesta; su primacía y significado la hace la más grande de todas las fiestas. Porque si no hubiese Pascua, si Jesús nunca hubiese muerto por la humanidad, entonces nos podríamos olvidar de todas las demás fiestas. Éstas simplemente no podrían cumplirse. Cada fiesta que sigue a la Pascua depende completamente de ella.

Nuestra Pascua es Jesucristo (1 Corintios 5:7). Durante más de tres décadas Jesús vivió una vida sin pecado, aunque fue probado en todo según nuestra semejanza (Hebreos 4:15). Durante las horas antes de su crucifixión, él sufrió gran agonía física y mental para nuestra sanidad (1 Pedro 2:24). Jesús fue clavado a un madero y permaneció fiel a Dios (y a nosotros) hasta la muerte. Un soldado romano le abrió el costado con una lanza, y al instante su sangre (y agua) se derramó sobre el suelo (Juan 19:33-34).

La sangre inmaculada de Jesús fue derramada para la justificación y reconciliación (Romanos 5:9-11) de toda la humanidad, a fin de salvar a todos (Juan 3:16-17). ¿Qué significa esto para nosotros? La sangre derramada de Jesús satisface los santos requisitos de Dios el Padre. Dios exige santidad. Él no permite dentro de sí mismo ni siquiera la más pequeña cantidad de pecado o injusticia. La humanidad es impía y peca contra Dios y sus leyes, y estos pecados mantienen al hombre separado de Dios. La Pascua hace posible la reconciliación de los seres humanos con Dios.

Después de que fuimos llamados y nos arrepentimos de nuestros pecados, la sangre de Jesús cubrió nuestros pecados. Esto nos justifica delante del Padre (Romanos 5:9), lo que significa que nuestros pecados son borrados, cubiertos por la sangre de Jesucristo, y nosotros somos vistos como limpios delante de Dios nuestro Padre. Simultáneo al hecho de ser justificados (lavados y limpiados de nuestros pecados), también somos reconciliados (restaurados) con el Padre, habiendo sido hechos uno con el Padre por medio de Cristo Jesús (Romanos 5:10-11; Juan 17:21-23).

La sangre inmaculada de Jesús empezó el proceso de salvación para nosotros y para toda la humanidad. El proceso completo de nuestra salvación no podría llevarse a cabo sin esta gloriosa dádiva de tan vital importancia. Dios confirma la primacía de la Pascua en el hecho de que Jesús, como nuestra Pascua, inicia nuestro peregrinaje y entrada en la vida eterna. En segundo término, nuestra observancia anual del memorial de la Pascua da inicio a las fiestas anuales de Dios.

Aunque esta dádiva primordial de justificación y reconciliación (restauración) da inicio a la salvación de los seres humanos, hay otro gran don que la completa: la vida vibrante de un Cristo Jesús resucitado que ahora está sentado a la diestra del Padre. Ambos de estos grandes acontecimientos son importantes, el uno no puede suceder sin el otro, los dos son interdependientes. El Cristo Jesús resucitado cumplió el simbolismo de la ofrenda de la gavilla mecida.

La gavilla mecida y la vida de Cristo

Dios dio instrucciones a Israel de que empezara la temporada de la cosecha de primavera meciendo una gavilla de cebada. Esto prefiguraba simbólicamente el principio de la cosecha de vidas humanas que Dios está llevando a cabo (Juan 4:35; Santiago 5:7). La vida de Jesús, nuestro Salvador, fue la primera en ser cosechada (Juan 3:16-17). En segundo lugar, la iglesia va a ser cosechada; esto está simbolizado por la Fiesta de las Primicias o Pentecostés (1 Corintios 15:23, 35-38).

La última cosecha abarca el resto de la humanidad. Esta cosecha de seres humanos empieza a la segunda venida de Cristo, continúa durante mil años e incluye múltiples miles de millones que serán resucitados para el juicio ante el gran trono blanco (Ezequiel 37; Apocalipsis 20:11-13). La Fiesta de los Tabernáculos y el Último Gran Día simbolizan la gran cosecha final (Levítico 23:34-39).

Jesucristo es la ofrenda de la gavilla mecida (Levítico 23:10-14; Juan 20:17). El punto importante de esto es que la resurrección de Jesús y su ascensión al trono de Dios el Padre muestran que nuestro Salvador ya no está muerto, sino vibrantemente vivo y lleno de poder. Sin esta parte terminante del santo sacrificio de Jesucristo, estaríamos sin esperanza de vida eterna. "Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida" (Romanos 5:9-10; ver también 1 Corintios 15:12-19).

El apóstol Pablo nos enseña que Cristo es (ahora) nuestra vida (Colosenses 3:4). Cristo es nuestra vida en el sentido de que Dios el Padre nos ve como vivos en Cristo (Efesios 2:5-6), nos mira a cada uno de nosotros a través de la santidad de Cristo (Gálatas 2:20) y nos atribuye la justicia de Cristo por medio de la fe (Santiago 2:23). Cristo es también nuestra vida por medio de la santa verdad y el Espíritu de Dios (Juan 14:6).

La celebración del Domingo de Resurrección es un intento por tratar la muerte de Jesús en formas aceptables al cristianismo moderno. Aunque el Domingo de Resurrección habla de la muerte de nuestro Salvador y de su resurrección, el origen de esta fiesta y sus costumbres son una abominación a Dios. Es fácil para gran parte de la cristiandad aceptar que Cristo vive para ellos (Colosenses 3:4; Efesios 2:5-6; Gálatas 2:20), pero cuando se trata de la parte que Cristo requiere de los cristianos –obedecer a Dios y demostrar su fe por las obras– muchos cristianos bien intencionados parecen ignorar muchos pasajes importantes de las Escrituras.

Permítanme expresarlo de otra forma: La mayoría de los cristianos no reconocen ni honran lo que Dios requiere de un verdadero discípulo cristiano. Esta parte requiere sacrificio: arrepentimiento de obras muertas y fe en Dios. Si Cristo verdaderamente va a vivir para usted y para mí, entonces hay cosas que debemos hacer (Efesios 2:10; Santiago 2:18) a fin de que él viva para nosotros y en nosotros. Estos dos actos distintos (el reconocimiento de Cristo como nuestra vida y nuestra fe demostrada por las obras) parecen estar perfectamente integrados como uno solo en la vida de un verdadero cristiano.

Nuevamente, nunca olvidemos esta importante clave para nuestra salvación: Dios es santo y él requiere de nosotros que seamos santos (1 Pedro 1:16). Esto nos trae a los días de los Panes sin Levadura, una fiesta de gran significado.

Pan sin levadura y una vida santa

La Fiesta de los Panes sin Levadura es un tiempo de sinceridad y verdad. Durante siete días completos ningún producto leudado permanece en nuestras casas y comemos pan sin levadura. Sabemos que esto simboliza quitar el pecado de nuestras vidas y comer de la verdad incontaminada de Cristo. La Iglesia de Dios ha estado haciendo esto durante casi 2.000 años.

Es importante considerar que esto también representa la vida sin levadura y el amor sin levadura de Cristo Jesús. Él es santo, y debido a esto nosotros somos santos en él (Hebreos 3:1; Romanos 8:30).

También debemos tener en cuenta que hay dos días santos durante la Fiesta de los Panes sin Levadura: el primer día santo inaugura la fiesta y el último día santo la concluye. Dios espera santidad al principio y al final de nuestras vidas espirituales. Somos hechos santos por medio de Cristo, quien es nuestra vida y quien es el divino pan sin levadura. También debemos hacer nuestra parte en llegar a ser santos como él es santo (1 Pedro 1:16), quitando el pecado de nuestras vidas y poniendo en nuestras mentes y corazones la verdad y el amor sin levadura de Jesucristo.

La Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura abarcan tanto la muerte como la vida de Jesucristo. Los que guardan el Domingo de Resurrección entenderán un día las palabras del apóstol Pablo acerca de la muerte y resurrección de su Salvador: "Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho" (1 Corintios 15:20). Somos justificados y reconciliados por la muerte de Jesús, y somos salvos (Romanos 5:10) y liberados por su vida omnipotente (Apocalipsis 5:1-14). Hermanos, les deseo una memorable Pascua y una gozosa Fiesta de los Panes sin Levadura.

-Jerold Aust
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El agua sucia no basta

Las experiencias que tuve en mi niñez, tratando de bañarme y estar limpio,
tienen ciertos paralelos de interés para la vida cristiana.


¡Yo creía que toda agua de baño se veía sucia! ¡La nuestra siempre se veía así! En nuestro hogar, los niños nos bañábamos una vez por semana . . . ya sea que lo necesitáramos o no. Mi mamá solía pensar que lo necesitábamos. Ella sacaba la tina y empezaba a calentar agua en nuestra estufa de carbón y leña. Cuando el agua estaba lo suficientemente caliente, llenaba la tina parcialmente y las niñas se bañaban primero. Los varones aprendimos a muy temprana edad el concepto de "primero las damas".

Conforme cada niña usaba el jabón y se bañaba, mi madre ponía un poco más de agua caliente en la tina. Cuando nos llegaba el turno a los niños, el agua siempre estaba sucia. El grado de suciedad no parecía cambiar; sencillamente estaba sucia.

No nos dimos cuenta de que esto no era lo usual en todo el mundo hasta que cumplimos 10 años de edad. Ese fue el tiempo cuando empezamos a esperar con ansia ser hombres. Cuando uno se convertía en hombre (alrededor de los 12 años de edad), podía darse una ducha en el baño público. Este era un edificio largo que tenía unas 40 regaderas (con agua limpia que fluía, caliente y fría) que los mineros usaban después de terminar su turno de trabajo. Qué grandioso día fue cuando se nos permitió ir un sábado por la mañana para darnos una ducha, ¡una vez por semana y con agua limpia! Todo niño en el pueblo que estaba por convertirse en hombre aparecía allí los sábados.

La verdadera limpieza

En la relación de la humanidad con Dios, uno puede ver también cierto paralelo con mi agua sucia de baño. Dios instituyó un sistema de sacrificios por el pecado que no removía el pecado por completo, sino sólo lo reconocía. El ofrecer sacrificios de animales era como bañarse con agua sucia (a mi parecer). Los humanos eran lavados, pero no quedaban realmente limpios.

En Hebreos 9:11-15 se explica que la sangre de los toros y de los machos cabríos santificaba para la purificación de la carne, pero que la sangre de Cristo es lo que nos limpia realmente. Antes del sacrificio de Cristo, los humanos venían ante Dios con la sangre derramada de animales. Estos sacrificios prefiguraban el sacrificio supremo de Jesucristo.

En Hebreos 9:22 leemos: "Sin derramamiento de sangre no se hace remisión". Cristo constituyó el agua limpia y pura que verdaderamente limpia de pecado a los seres humanos.

Se definen el bien y el mal


En el momento en que Dios declaró: "Yo soy el Eterno tu Dios . . . No tendrás dioses ajenos delante de mí", él también puso de manifiesto que cualquier otra forma de adoración era pecado y por lo tanto mala.

Es como ir conduciendo por una carretera. Usted puede ser multado por conducir con exceso de velocidad sólo si hay un límite de velocidad en la carretera. Si el limite de velocidad es 100 kilómetros por hora y usted va a 120, está quebrantando la ley.

Dios tiene leyes que son eternas. Los Diez Mandamientos reflejan esas leyes de Dios. Puesto que la definición de lo bueno creó lo malo, Dios se hizo cargo él mismo de diseñar un sistema por medio del cual el pecado puede ser removido (si uno se arrepiente). Él empezó por mostrarle a Adán y Eva que la pena del pecado era muerte, y que requería el derramamiento de sangre. Dios entonces mató un animal y vistió a Adán y Eva. El sistema de derramar sangre para expiar el pecado continuó hasta el tiempo de Cristo. La necesidad de la sangre no ha cambiado, pero ahora recibimos la sangre de Cristo, limpia y pura, la cual nos limpia realmente.

Este don no es algo que recibimos en forma automática. Todavía tenemos que convertirnos en hombre (madurar); todavía tenemos que bañarnos (arrepentirnos y venir ante Dios por medio de Cristo); todavía tenemos que usar el jabón y el agua y después secarnos (aprender lo que es el pecado y lo que significa verdaderamente el sacrificio de Cristo); todavía tenemos que tratar de permanecer limpios durante toda una semana ("vete, y no peques más").

Nuestras visitas al baño público eran gratuitas, provistas como un servicio de la compañía minera para los niños del pueblo. Cristo es gratuito. Dios no nos cobra por su amor o su don.

Pero él sí nos exige que seamos leales y hagamos un compromiso con él, con su plan y su camino de vida. Ese es el único camino; no hay otro.

Hay algunos que todavía no se dan cuenta de que no toda agua de baño está sucia. Algunos creen que están limpios aun cuando son el cuarto en bañarse en el agua sucia. Después de habernos dado una verdadera ducha, los niños nunca volvimos bañarnos en agua sucia. ¡Ya sabíamos lo que era estar realmente limpios!
Cuando Cristo nos limpia, sabemos que estamos limpios. Algún día el mundo entero podrá "bañarse" verdaderamente. ¡Qué día de celebración tan grandioso será ese día!

Usted puede encontrar más información acerca del poder limpiador de Cristo en el folleto El camino hacia la vida eterna. Lo animo a que solicite y lea este folleto. También es gratuito.

--Robert Berendt

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¿Cuál es su límite?

No permitamos que nada limite nuestro compromiso con Dios.
Consideremos el inspirador ejemplo de una anciana
que dijo: "No es muy difícil para mí".

Cada Fiesta de los Tabernáculos parece traer su propia lección única. Algunas veces es un sermón que le habla directamente a uno. Las cortinas de la mente suben y los focos intelectuales se prenden, culminando en un "¡ajá!" espiritual. Algunas veces la lección proviene de los acontecimientos mismos de la Fiesta, cuando las circunstancias crean un cuadro esclarecedor. En cambio, algunas veces la lección viene en la forma de otra persona.

Mi familia y yo asistimos a la fiesta en Corpus Christi, Texas. Como de costumbre, el primer día escogimos nuestros asientos y pocas veces nos desviamos de ellos. Alrededor del tercer día, una anciana se sentó detrás de nosotros. Intercambiamos bromas, y en los siguientes días sobresalió una alentadora historia que me conmovió profundamente.
La mujer era alegre y perceptiva y sumamente encantadora. Hablaba con candor y fortaleza. Finalmente supimos que tenía 91 años de edad. Dios la había llamado a su iglesia a la edad de 76 años, prueba alentadora de que él tiene un tiempo y un plan para cada uno de nosotros. Previamente, ella había sido miembro de una iglesia presbiteriana durante 25 años. Había sido muy activa en esa congregación, no sólo tocando el piano, sino también enseñando la clase dominical para los adultos.

Defendió su fe

Ella nos dijo que como un requisito para dejar la fe presbiteriana, había tenido que pararse delante de la congregación, amigos de unos 25 años, y dar sus razones. A ella se le requirió defender su fe y su elección públicamente. La valentía de semejante acto, y en semejante edad, fue profundamente conmovedora.

Su esposo no había compartido sus nuevas creencias. No obstante, él permaneció a su lado cuando ella estuvo enfrente de la congregación. Fue evidente en su voz que esto le había sido muy alentador. El compromiso de un esposo hacia su esposa fue tremendamente inspirador. Él había estado a su lado para enfrentar una posible condenación, compartiendo su carga pero no su elección o su convicción. Fue un recordatorio del compromiso que Cristo tiene hacia nosotros, miembros individuales de su iglesia, que colectivamente es su prometida. Él llevó la carga de nuestros pecados sobre sí mismo, pecados ocasionados por nuestras elecciones, no las suyas; no obstante, él no nos abandonó.

Al finalizar su declaración ante la congregación, ella había reducido sus razones para salirse de la iglesia a un simple hecho. Les dijo que ella no podía seguir haciéndose cuenta de que la Biblia no dice lo que dice. Que no podía seguir haciendo caso omiso de las pruebas bíblicas explícitas que contradecían la doctrina que ella no sólo tenía que aceptar, sino enseñar a otros. Ella no podía hacerlo, y ya no lo haría más.

¿Muy difícil?

Antes de esto, ella había tenido una conversación con su pastor en la que le preguntó por qué ellos guardaban el domingo a pesar de que la Biblia claramente nos ordena guardar el sábado. Su respuesta la sorprendió. Le dijo que sabía que el sábado era el día de reposo bíblico, pero conseguir que todos cambiaran sería sencillamente muy difícil. La sencilla respuesta de ella fue un verdadero ejemplo de fe: "Bien, no es muy difícil para mí".

El que este pastor haya dicho que él sabía lo que era correcto, pero sentía que era muy difícil llevarlo a cabo, me impactó y me dejó helada. Tuve un vívido cuadro mental en el que yo estaba de pie ante Jesucristo en el día de juicio, y le decía: "Sí, yo sabía lo que tú requerías de mí . . . pero sencillamente era muy difícil".

Hay una historia bien conocida en la Biblia que amplifica esta lección. Es la historia de Jesús y el hombre rico, y a Dios le pareció lo suficientemente importante como para incluirla en tres de los evangelios. Contiene uno de los versículos más citados en toda la Biblia: "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios" (Mateo 19:24). Normalmente se utiliza esta historia para ilustrar el peligro de las riquezas, y tal vez esa sea la lección principal. Pero podemos aprender mucho más de esta historia.

En Mateo 19:16 un hombre rico le preguntó a Jesús: "Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?" Jesús le contestó que si quería la vida eterna, debía guardar los mandamientos. El hombre le preguntó a cuáles mandamientos se refería, aunque indudablemente ya sabía la respuesta, porque cuando Jesús le contestó nombrando algunos mandamientos específicos del Decálogo, él afirmó que los había estado guardando desde su juventud. Obviamente él buscaba un mandato claro en cuanto a lo que se requería de él.

El hombre entonces le preguntó a Jesús qué le faltaba. ¿Qué se interponía entre él y la vida eterna? Jesús le dijo que vendiera todo lo que tenía y lo diera a los pobres. "Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones" (v. 22).

El límite

El joven rico entendió lo que se requería de él, supo lo que estaba en juego, pero aun así se fue triste porque era más de lo que él estaba dispuesto a dar. Era muy difícil. Él había llegado a su límite.

Aunque nos sintamos tentados a desdeñar a este hombre y su decisión, realmente no podemos darnos ese lujo porque la lección es muy sobria. Este no era un hombre endurecido y rebelde; él guardaba los mandamientos de Dios y lo había hecho desde su juventud. Si tenemos en mente Salmos 119:172, que dice: "Todos tus mandamientos son justicia", entonces podemos suponer que fue un hombre justo. Quizá tenía fallas, pero se esforzaba por obedecer la ley de Dios. ¿Se parecía a la mayoría de nosotros? Era un hombre justo con límites en cuanto al compromiso que estaba dispuesto a hacer.

Si analizamos honradamente nuestros corazones, ¿hallaremos algunos límites, cosas demasiado difíciles? Esta es una pregunta sumamente seria para el pueblo de Dios en cualquier época, y especialmente en el tiempo actual. Están por venir tiempos aún más difíciles. Viene un tiempo en que nuestros conceptos de "difícil" serán puestos a prueba. ¿En qué punto podríamos alejarnos tristes de la prueba? ¿Cuál podría ser nuestro límite? ¿La seguridad de nuestros hijos? ¿La persecución? Es imprescindible que sepamos.

Perseverancia sin límite

Jesús mismo dijo: "Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo". Él hizo esta declaración no una sino dos veces, en Mateo 10:22 y Mateo 24:13. Ambas veces la usó en el contexto de la persecución por causa de su nombre. Una de las definiciones de perseverar es "sufrir sin claudicar". Es una declaración sombría cuando la leemos de este modo: "El que sufre sin claudicar, éste será salvo". Cristo nos advierte que tendremos sufrimiento, pero si queremos heredar la vida eterna, no debemos claudicar.

Debemos determinar de antemano que nada de lo que Dios requiera de nosotros será muy difícil. Para hacer eso debemos despojarnos de todas las limitaciones. Hay personajes valientes de la Biblia que nos dejaron este ejemplo. Sadrac, Mesac y Abed-nego no permitieron que un horno de fuego ardiendo se convirtiera en su límite (Daniel 3). Job ofreció todo, diciendo: "Aunque él me matare, en él esperaré" (Job 13:15). Y Ester no dejó de cumplir la voluntad de Dios para ella; más bien dijo: "Entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca" (Ester 4:16). Todos ellos prevalecieron porque determinaron dentro de sus corazones, de antemano, que harían lo que se requiriera de ellos, sin limitaciones y a pesar de las consecuencias.

Si nosotros deseamos el Reino de Dios no podemos hacer menos. En Romanos 8:18 Pablo escribió: "Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". Cosas difíciles serán requeridas de nosotros en el futuro. Cosas difíciles están siendo requeridas de algunos de nosotros ahora. Esto es tristemente evidente como podemos verlo en nuestras listas locales de oración.
Pero hay buenas noticias, aunque el hombre rico se fue sin escucharlas. Los discípulos expresaron duda de que alguien tuviera la capacidad de ser salvo. Jesús les aseguró que "para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible" (Mateo 19:26).

Cuando se requiera de nosotros cosas difíciles debemos recordar esto. Debemos recordar que Pablo dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Debemos recordar a Job y Ester y los tres hombres hebreos que no estuvieron dispuestos a inclinarse. Debemos recordar a la mujer anciana que dijo: "No es muy difícil para mí". Porque si buscamos la vida eterna, no debe haber límites en nuestro compromiso para con Dios.

-Janna Thomas
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Mas el que persevere hasta el fin
La experiencia de un superviviente de la Marcha de la Muerte de Batán
nos puede ayudar a perseverar hasta el fin.

El 23 de junio de 1938, Juan Rynerson ingresó en la unidad de cartografía topográfica del Cuerpo de Ingenieros del ejército norteamericano. Juan no pudo imaginarse que en unos pocos años se encontraría en la segunda guerra mundial y luchando por su vida en una de las marchas más infames y terribles de la guerra.

Después de varios traslados Juan fue asignado a un escuadrón de bombarderos en las Filipinas. Este traslado salvó su vida, porque el avión en el que él había trabajado como operador de radio se estrelló, y él habría estado en ese avión de no haber sido transferido. Juan considera que Dios ya estaba obrando en su vida para preservarlo.
Después del ataque sobre Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, los japoneses atacaron las Filipinas. El 9 de abril de 1942, la guarnición militar en Batán fue tomada por los japoneses y así comenzó para Juan la larga y difícil lucha por sobrevivir. Únicamente una tercera parte de los soldados tomados cautivos en Batán sobrevivieron al encarcelamiento por parte de los japoneses.

Después de la captura de Batán, los japoneses llevaron a los prisioneros norteamericanos en una marcha de más de 112 kilómetros. Ésta se convirtió en la infame "Marcha de la Muerte de Batán" en la que murieron más de 600 soldados norteamericanos. Ellos marcharon por un período de siete días en un estado de debilitamiento debido a que antes de que se rindieran a los japoneses, habían tenido que sobrevivir de pequeñas raciones de comida. Sus captores les permitieron comer sólo una vez durante toda la marcha. También mataron a los soldados que retrasaban la marcha.

Juan se dio cuenta con prontitud de que estaba en una lucha por sobrevivir. Sus observaciones lo condujeron a tomar medidas que salvarían su vida.
El trato que los japoneses dieron a los prisioneros fue horrendo. Durante el trayecto de la marcha, ellos se encontraron con soldados japoneses que viajaban hacia el sur. Juan notó que el primer grupo de soldados norteamericanos era tratado mejor que el último grupo de soldados. Los japoneses habían sido enseñados a nunca rendirse, y ellos estaban tan sorprendidos de ver prisioneros de guerra que pasaron al primer grupo sin hacerles daño a los prisioneros. Pero conforme iban llegando al final de la línea de prisioneros, ellos empezaron a golpearlos y maltratarlos. Mataban sin titubeo a cualquiera que se detenía o no podía caminar. Juan tomó la decisión de estar en ese primer grupo de prisioneros que salieron al camino en la mañana.

Juan fue un prisionero de guerra durante más de tres años. Él fue llevado en el barco de la "muerte" Tori Maru a un campo de prisioneros en Manchuria. Los barcos con prisioneros no estaban marcados, así que los aviones de guerra norteamericanos a menudo los atacaban, sin saber que sus compatriotas estaban a bordo de esos barcos. Juan pudo permanecer en cubierta durante la travesía en el Tori Maru y evitó ser puesto en la bodega, donde las condiciones eran terribles.

Él pudo sobrevivir debido a la actitud mental que tuvo al determinar que si algún soldado iba a sobrevivir este encarcelamiento, ese soldado iba a ser él. La madre de Juan le había enseñado a ser limpio, así que cuando le daban arroz, procuraba quitarle los insectos y otras inmundicias antes de comérselo. También sabía que necesitaba tener una buena higiene y se aseguró de mantenerse tan limpio como le fue posible. Sabía que la clave para sobrevivir era permanecer libre de enfermedades. También tuvo la actitud de que nunca se daría por vencido.

Finalmente, el 15 de agosto de 1945 Juan fue liberado del campo de prisioneros y regresó a su familia en los Estados Unidos. Durante esos tres largos años la familia de Juan no sabía si él estaba vivo o muerto.

Cuando él regresó a casa, no habló en detalle acerca de las condiciones que había padecido durante el tiempo que estuvo prisionero, ya que no quiso atribular a su familia y causarles dolor. ¡Qué ejemplo tan admirable y asombroso dio Juan al perseverar durante el terrible sufrimiento de la segunda guerra mundial!

Juan y Sara Rynerson se casaron en 1946 y han sido miembros de la Iglesia de Dios desde 1970. Ellos han visto las dificultades y problemas por los que la iglesia ha pasado y han permanecido fieles a la Palabra de Dios y a las verdades que les han sido enseñadas. Juan tiene ahora 81 años de edad y continúa trabajando limpiando pisos para tiendas de comestibles en la ciudad de Ogden, Utah. Qué maravilloso ejemplo de perseverancia y resistencia a pesar de las dificultades y pruebas.

Jesús nos dijo que debemos estar decididos a "perseverar" hasta el fin, y hay mucho que podemos aprender del ejemplo de Juan Rynerson. Una de las principales razones por las que Juan perseveró tiene que ver con su actitud mental. Él determinó que iba a sobrevivir a las terribles condiciones de la Marcha de la Muerte de Batán y el subsiguiente encarcelamiento.

En Mateo 24:12-13 Jesús dijo: "Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo". Nosotros hemos visto mucha maldad sobre la tierra, y las condiciones seguirán empeorándose. Muchos han caído al borde del camino espiritual y Satanás ha destruido por completo su fe, así como los japoneses mataron a los rezagados en la Marcha de la Muerte de Batán.

Debido a su firme determinación, Juan tomó las medidas físicas que le ayudaron a sobrevivir. Él comió únicamente alimento "limpio", quitando los contaminantes tales como moscas y suciedad. Llevó consigo dos cantimploras de agua al comienzo de la marcha y algo de comida también. Él se aseguró de estar en el frente de la línea de soldados que iban en la Marcha de la Muerte de Batán, lo cual lo protegió un tanto del abuso que recibieron los que iban detrás. Él se esforzó por hacer todo aquello que lo ayudara alcanzar su meta principal: ¡sobrevivir!

Espiritualmente, ¿estamos haciendo todo lo que podemos para alcanzar nuestra meta, el Reino de Dios? Juan comió únicamente arroz limpio y esto lo ayudó a evitar enfermedades mortales. Espiritualmente, ¿estamos alimentándonos con una buena dieta espiritual? Esto significa estudiar la Biblia a diario, asistir a los servicios siempre que nos sea posible, ir a la Fiesta de los Tabernáculos, evitar películas contaminantes y sucias (impuras), etc. Nosotros sabemos cuáles son las cosas que conducen a una vida espiritual saludable.

Al igual que Juan durante la segunda guerra mundial en un campo de prisioneros, nosotros vivimos en un mundo que no conoce al Dios verdadero ni el propósito de la vida. Este conocimiento de la verdad de Dios nos insta a tomar las medidas necesarias para asegurar que alcancemos la única meta que vale en esta vida, el Reino de Dios.

Juan Rynerson tuvo un propósito que nunca olvidó durante esos terribles años de la segunda guerra mundial: la meta de la supervivencia. Tuvo una meta bien definida que lo motivó y una actitud mental que lo ayudó a perseverar.

Nunca olvidemos el propósito de nuestra vida, la meta que Dios ha puesto delante de nosotros y ¡la gloria y honor que les espera a los que alcancen esa meta!

-Bill Jahns
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11 ancianos ordenados en Ghana

Once pastores que estaban prestando sus servicios en la Iglesia de Dios Remanente en Ghana fueron ordenados como ancianos de la Iglesia de Dios Unida en una ceremonia de ordenación durante los servicios del sábado 19 de enero en Kumasi, Ghana.

Les McCullough, Tom Kirkpatrick, Melvin Rhodes y Joel Meeker, presidente, tesorero y pastores respectivamente de la Iglesia de Dios Unida, oficiaron en las ordenaciones frente a una congregación de aproximadamente 350 personas. Algunos de los hermanos habían viajado de diferentes regiones del país. Primeramente, el Dr. Kirkpatrick dio un sermón sobre la humildad. La ordenación de los 11 ancianos ocurrió a la mitad del servicio, y en seguida el Sr. McCullough dio el segundo sermón cuyo tema fue la misión de la iglesia de ocuparse en la predicación del evangelio como testimonio al mundo.

Los 11 que fueron ordenados son Benjamin Agyapong, Clement Amoako-Atta, Reuel Appiah-Dima, Frank Arthur, Joseph Baah, Adonijah Blay-Miezah, Azariah Maxwell Coffie, Richard Duah, Annor Jones, Ofori Manu y Kwaku Ofori-Amanfo. Después del servicio el Sr. Coffie dijo que había sido "una ocasión muy importante, por la que habíamos orado y anhelado por muchos años". El Sr. Duah agregó: "Nunca olvidaremos este día tan especial".

El día siguiente, 33 ancianos y dos representantes no ordenados de la Iglesia de Dios Remanente se congregaron en la casa que alquila la iglesia en Kumasi para una histórica reunión. El Sr. McCullough les dirigió unas palabras de bienvenida, especialmente a los nuevos ancianos reconocidos como ministros de la IDU, a quienes les entregó sus certificados de ordenación.

Entonces se abordó el asunto oficial de la reunión. Por sufragio unánime los ancianos y representantes aprobaron la disolución de la Iglesia de Dios Remanente, y su asociación como la Iglesia de Dios Unida-Ghana, adoptando una nueva constitución y reglamentos basados en el modelo de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional. La nueva asamblea general de la IDU-Ghana pasó a seleccionar su primer consejo nacional, el que a su vez seleccionó los oficiales de la organización y empezaron a elaborar el plan estratégico y el presupuesto para el año fiscal 2002-2003. Siguiendo la recomendación de la administración de la IDU, Melvin Rhodes fue aprobado por la IDU-Ghana como pastor mayor y como enlace entre la IDUAI y la IDU-Ghana para asistir a esta última en su integración en la IDUAI.

Se prevé que los 22 ancianos restantes de la que fuera la Iglesia de Dios Remanente, puedan ser ordenados y reconocidos como ancianos de la Iglesia de Dios Unida en un futuro cercano de acuerdo con los procedimientos oficiales de la IDUAI.

-Joel Meeker
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Reflexiones sobre el viaje a Ghana


E
ste fue el primer viaje que jamás haya hecho yo a una nación en vías de desarrollo, y fue una experiencia intensa para un norteamericano. He entendido intelectualmente que las bendiciones físicas y la abundancia de que gozamos en los Estados Unidos no tienen paralelo en el mundo, pero se sufre un impacto emocional al experimentar personalmente las condiciones en las que vive mucha de la gente en este mundo. Es muy difícil expresarlo con palabras. Algunos de ellos tienen tan poco, y, sin embargo, los hermanos que tenemos allá forman parte del Cuerpo de Cristo tanto como nosotros acá.

El resumen más simple es decir que debemos estar muy agradecidos por las bendiciones que tenemos. Es tan fácil ser desagradecidos y tratar nuestras bendiciones físicas con indiferencia. Y las bendiciones materiales pueden ser una trampa aún más peligrosa para nuestra vida espiritual.

Un aspecto raro de la naturaleza humana es que algunos de los más desagradecidos son los que más posesiones tienen. Algunas veces, entre más tenemos, más deseamos tener. Los que están nadando en las riquezas son los que se esfuerzan por adquirir más y más de ellas. Uno puede casi llegar a la conclusión de que aquellos que tienen tan sólo lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas tienen una ventaja sobre muchos de nosotros que vivimos en las naciones industrializadas, especialmente en los Estados Unidos.

La parte de la oración modelo que dice: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy" tiene un significado muy real para muchos en el mundo en vías de desarrollo. ¡Quizá les dé lástima de nosotros por la "prueba" de quedar atrapados tan fácilmente en ocupaciones materialistas, o en comparaciones sobre quién tiene el mayor número de juguetes!
Por otra parte, en algunas ocasiones nosotros vemos el contentamiento y el agradecimiento de quienes menos tienen. Nuestros hermanos en Ghana son calurosos y amistosos. Todos los que fuimos de los Estados Unidos en este viaje gozamos de su hospitalidad y amistad.

Hubo un gran espíritu de gozo y agradecimiento en los servicios del sábado en Kumasi, durante los cuales 11 ancianos de la que fuera la Iglesia de Dios Remanente fueron separados y ordenados como pastores de la Iglesia de Dios Unida. No tendrán mucho de los bienes de este mundo, pero no están faltos del Espíritu Santo de Dios y del deseo sincero de que venga el Reino de Dios a esta tierra. Ellos también quieren ser de los que le ayudarán a Jesucristo a "restaurar todas las cosas", de acuerdo con la voluntad de Dios.

-Tom Kirkpatrick
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El campamento en Chile tuvo buen éxito,
pero fue demasiado corto


E
l campamento de verano en Chile empezó el 28 de diciembre en Maitencillo, en el mismo sitio donde observamos la Fiesta de los Tabernáculos. Por lo general, el campamento se inicia varios días más temprano del que acabamos de tener. Este último fue un poco más corto de lo normal debido a que mi familia y yo fuimos transferidos de Guatemala y fue necesario hacernos cargo de varios asuntos personales antes de ocuparnos con el campamento.

Los 38 felices jóvenes y ocho adultos abordamos tres pequeños autobuses frente a la oficina de la iglesia en Santiago. Durante todo el viaje a Maitencillo reinó un ambiente alegre; los jóvenes cantaban, intercambiaban chistes y se reían mucho. Esa tarde tuvimos una reunión de orientación antes de que empezara el sábado.

Todos los muchachos ocuparon una cabaña y las muchachas otra. Eso tuvo bastante éxito porque todos continuaron con sus risas y cantos hasta que se cansaron (lo cual sucedió ya bastante tarde) y se acostaron. En cada cabaña había un adulto para "mantener el orden entre los jóvenes".

El sábado tuvimos servicios en la mañana y un estudio bíblico en la tarde. Todos los temas estuvieron dedicados exclusivamente a la juventud de la iglesia.

En los otros días tuvimos una hora llamada "Acordémonos de nuestro Creador" en la que cada uno estudió su Biblia y oró. Hubo un silencio total en las instalaciones durante esa hora. Luego tuvimos un estudio bíblico con preguntas y respuestas.

En la tarde normalmente tuvimos deportes en la playa, y más tarde una hora para que los jóvenes dieran discursos acerca de sus preocupaciones, sus problemas, sus esperanzas y sus planes para el futuro.

Todas las comidas fueron servidas por los empleados del hotel. Después de la cena normalmente tuvimos una actividad de compañerismo. Tuvimos un baile, una noche de juegos y un mini-espectáculo de talentos.

Los comentarios de los jóvenes fueron muy positivos, aunque todos tuvieron una queja: El campamento fue muy corto. Para el próximo año planeamos tener un campamento completo.

Al fin de cada día esperábamos que los muchachos estuvieran bien cansados y listos para irse a la cama, mas no fue así. Cada noche me pedían permiso para ir de caminata hacia una loma detrás del hotel. Allí continuaban su compañerismo, riéndose y cantando. Normalmente se acostaban a la una de la mañana, ¡pero a las 8 estaban listos una vez más para las actividades del día!

-Saúl Langarica
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93 se gozan en el campamento
juvenil en Guatemala


Hubo de todo un poco para los 93 líderes en potencia de la iglesia en el campamento en Guatemala: deportes, talentos, chistes y sermones enfocados en las necesidades actuales de la gente joven. Todos los jóvenes participaron en las actividades con mucho entusiasmo. El campamento se llevó a cabo del 14 al 20 de diciembre en la ciudad de Chimaltenango, a 50 kilómetros de la capital.
El personal del campamento lo integraban 16 entusiastas adultos, miembros de la iglesia procedentes de Guatemala, El Salvador, Honduras y los Estados Unidos. Este equipo cocinó y cantó para los jóvenes con todo su corazón. Nuestro lema fue "todo para ellos".
Durante los seis intensos días del campamento se fortalecieron las amistades y se practicó el servicio mutuo. Algunos de los jóvenes que participaron por primera vez en el campamento expresaron su satisfacción y sorpresa de haber tenido la oportunidad de participar en actividades que les ayudaron a hacer frente a las presiones de una sociedad que se va alejando de Dios. Ya están haciendo planes para asistir nuevamente el próximo año.

-Luis Mundo Tello
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