El Comunicado
de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional
VOLUMEN II, NÚMERO 5
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EN ESTE NÚMERO |
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| El legado incierto del rey Hussein | |
| La causa de los desastres naturales | |
| 'Y estaba la tierra llena de violencia' | |
El legado incierto del rey Hussein
Cuando el rey Hussein ascendió al trono, Winston Churchill, Harry Truman y Iosif Stalin estaban todavía en el poder. El mundo de hoy es muy diferente del de ellos; ya no está bajo el dominio de estas tres grandes potencias. Estados Unidos permanece como la única superpotencia, pero se muestra débil, especialmente en el Cercano Oriente, la región más impredecible y volátil del mundo.
El rey Hussein, apelando siempre a la moderación y a la razón en la región, trabajó en pro de la paz con Israel y trató de contener las influencias radicales que exigen la destrucción del estado judío. Por esta razón, su muerte puede ser muy significativa. Aun si su hijo y heredero, el rey Abdalá II, continúa con las mismas políticas de su padre, su falta de experiencia podría ser un factor decisivo en la caldera hirviente del Cercano Oriente.
Por si fuera poco, el repentino cambio en la sucesión del poder tan sólo 15 días antes de la muerte del rey, puede haber causado división en la familia real y en la lealtad de los militares y entre los clanes de beduinos. Abdalá necesita el apoyo de todos estos grupos para tener éxito. Se debe recordar que el rey Hussein estuvo al lado de su abuelo, el primer rey de Jordania, cuando éste fue asesinado en 1951, y que el mismo Hussein sobrevivió más atentados que ningún otro monarca de la era moderna.
Una región autocrática
Cuando examinamos la historia reciente del Cercano Oriente es muy evidente que la estabilidad de la región depende en gran parte de la supervivencia de las monarquías que aún quedan, siendo las más importantes Jordania y Arabia Saudita. Aunque la Gran Bretaña y los Estados Unidos, cada uno en su turno, han desempeñado un papel preponderante en el Cercano Oriente durante este siglo, sigue siendo verdad que no hay ninguna democracia en la región aparte del Estado de Israel, el cual tiene sólo 50 años de existencia. Muchas de las naciones árabes que surgieron a raíz de la derrota del Imperio Otomano después de la primera guerra mundial, tenían reyes; en la mayoría de los casos éstos eran emires locales que fueron instalados en sus tronos por Gran Bretaña.
Estas eran monarquías constitucionales, pero como sus sistemas parlamentarios no funcionaban bien los monarcas ejercían la mayor parte del poder. Muchos de estos monarcas y sus hijos, que recibieron su educación e instrucción militar en Inglaterra, mantenían alianzas con los británicos hasta que Inglaterra empezó a retirarse de la región después de la pérdida del canal de Suez en 1956. El rey Hussein fue educado en Eton, la más prestigiosa escuela particular de Inglaterra, y luego recibió instrucción en la academia militar de Sandhurst. Una de las cuatro esposas del rey era británica. El hijo de ellos, Abdalá, ahora está en el trono hachemita.
Todos estos monarcas han tenido la influencia del pensamiento y modo de vida occidentales. Sin embargo, tienen que lidiar con el surgimiento del nacionalismo árabe y el fundamentalismo islámico, lo cual ha ocasionado el derrocamiento de algunos de los tronos y ha hecho que el futuro de los otros sea incierto.
Cincuenta años de guerra
El desorden que ha existido en el Cercano Oriente desde la segunda guerra mundial empezó con el establecimiento del Estado de Israel en 1948, al final del mandato británico sobre Palestina. Tan sólo dos años antes, los británicos le habían dado su independencia a Jordania, poniendo en el trono al rey hachemita Abdalá. Con la creación de Israel, los ejércitos árabes de Jordania, Egipto, Siria, Iraq y Líbano se unieron en un intento de borrar del mapa al estado judío en su infancia.
La confederación árabe no logró su cometido y uno de los resultados fue que los oficiales disgustados del ejército de Egipto derrocaran al rey Faruk en julio de 1952. Faruk no era partidario de los británicos, pero era reconocido internacionalmente como mujeriego y se le percibía como una influencia corruptora sobre el pueblo egipcio. Después de su derrocamiento, Faruk hizo la siguiente predicción: "Con el tiempo quedarán únicamente cinco reyes en el mundo: el rey de espadas, el rey de diamantes, el rey de corazones, el rey de tréboles y el rey de Inglaterra".
La profecía de Faruk no se ha cumplido por completo, pero en los años siguientes cayeron varios tronos. Su derrocamiento condujo a una radicalización del mundo árabe y a una creciente influencia soviética. La presencia rusa casi ha desaparecido, pero los radicales aún permanecen.
Monarquías derrocadas
Cuatro años después del derrocamiento de Faruk, Inglaterra perdió el control del canal de Suez, el cual quedó en manos del presidente Nasser de Egipto, y en los 15 años siguientes retiró de la región la mayor parte de su presencia militar. En 1958 la monarquía de Iraq fue derrocada violentamente, siendo ejecutados su joven rey y todos los demás miembros de la familia real. A continuación hubo un período de inestabilidad política, la cual no terminó hasta el ascenso del despiadado presidente Saddam Hussein. Cuatro años más tarde, cayó la monarquía de Yemen. Siete años después, el rey Idris de Libia fue derrocado por el coronel Gaddafi. Irán, un país no árabe pero islámico, presenció el derrocamiento del sha, y un régimen islámico radical tomó su lugar a principios de 1979. Irónicamente, los iraníes estaban celebrando el vigésimo aniversario de su revolución la misma semana en que el rey Hussein fue sepultado.
Como podemos ver por estos ejemplos, existe un patrón muy importante: Cada vez que ha sido derrocada una monarquía en el Cercano Oriente, un régimen radical antioccidente la ha reemplazado. En la mayoría de los casos, con la excepción de Irán, el ejército ha derrocado al monarca.
Los muchos presidentes radicales en la región traen a la mente una observación que se encuentra en Eclesiastés 10:16-17: "¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana! ¡Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!"
Esto no significa, de manera alguna, que las monarquías en la región son perfectas. Algunas de ellas ostentan su riqueza y de este modo promueven el resentimiento y una actitud disidente dentro de sus reinos. Aun así, su derrocamiento podría desequilibrar la región entera.
Un equilibrio delicado
Todavía hay varias monarquías prooccidentales en el Cercano Oriente, siendo notables los pequeños estados del golfo Pérsico. Pero dos monarquías son de importancia especial: las de Arabia Saudita y Jordania; estas son las más grandes y la posición geográfica de ambos países hace que sean de extrema importancia para el Occidente. Estos dos estados tienen extremistas dentro de su medio, tanto nacionalistas como fundamentalistas islámicos, mas por ahora su fuerza es contenida por la presencia de sus dirigentes prooccidentales. Pero es interesante notar que su influencia debe ser tomada en consideración. En diciembre del año pasado, cuando los Estados Unidos e Inglaterra buscaron apoyo para sus ataques aéreos sobre Iraq, ninguno de los dirigentes prooccidentales apoyó abiertamente esta acción, pues el hacerlo podía conducir a un aumento de la oposición en sus propios países y a su posible derrocamiento. Estos monarcas tienen que mantener un delicado equilibrio.
Debido a que ellos están dispuestos a colaborar con los Estados Unidos en pro de la paz en el Cercano Oriente (lo cual significa que tengan paciencia conforme los EE.UU. ejercen cada vez más presión para que Israel entregue los territorios ocupados), la estabilidad de las monarquías es importante para los Estados Unidos. No obstante, este vínculo con los EE.UU. puede ser negativo para los reinos mismos, ya que sus dirigentes pueden ser culpados de las acciones de los norteamericanos en la región, entre ellas las acciones en contra de Iraq.
El rey Abdalá comienza su reinado con mucho a su favor. Tiene la buena voluntad de sus súbditos como resultado del respeto y devoción que se le tenía a su padre; está bien educado y tiene experiencia militar; entiende al Occidente y es probable que continúe recibiendo la ayuda económica que su nación necesita para sobrevivir. Está casado con una palestina, hecho que debe congraciarlo con la mayoría de sus súbditos, que también son palestinos. El nuevo monarca tiene el apoyo de las diferentes tribus del desierto dentro de Jordania, así como la simpatía y el respeto de los israelíes, que enviaron una numerosa delegación al funeral de su padre. Abdalá recibirá de nuevo el apoyo financiero de los estados del golfo Pérsico, apoyo que fue retirado cuando su padre no respaldó a los aliados en contra de Iraq, pero todavía retiene la amistad de Iraq e incluso de Siria.
El rey Abdalá tiene mucho a su favor. La paz del Cercano Oriente depende mucho de este hombre. Con el tiempo se sabrá si puede resistir las presiones desestabilizadoras de la región, y por cuánto tiempo.
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La causa de los desastres naturales
Todo este caos es inquietante. Aunque ha habido cataclismos de mayor tamaño e intensidad en nuestro siglo, la distribución, variedad y frecuencia de las recientes e impredecibles inclemencias del tiempo ha sido algo extraordinario. En cuanto a la severidad de los daños, el año pasado igualó al de 1982-83 como uno de los peores años del siglo. ¿Está aumentando el número de trastornos del tiempo, terremotos y desastres naturales en todo el mundo? ¿Hay causas espirituales detrás de éstos, o son sólo el resultado de sucesos ambientales fortuitos? ¿Tienen los desastres algún significado o mensaje para la humanidad de hoy?
Algunos ven los desastres naturales como la forma en que la naturaleza mantiene el equilibrio, como un sistema monumental diseñado para controlar la población del mundo. A otros no les parecen ser más que sucesos circunstanciales, accidentes o violencia fortuita que ocurren de manera incomprensible en un universo sin propósito alguno.
No obstante, Jesús mencionó que muchos desastres naturales, como los llamamos hoy, serían una triste realidad de la vida a lo largo de la historia y que aumentarían en impacto conforme nos acercáramos al fin de la era. Él predijo: "Habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos" (Marcos 13:8). Diferentes clases de terremotos, plagas y disturbios mayores del tiempo, entre ellos sequías, inundaciones, maremotos, tornados y huracanes, continuarán causándoles estragos a incontables miles de personas en todo el globo terráqueo.
Destructividad en aumento
Es difícil saber con seguridad si los terremotos y desastres naturales están ocurriendo con mayor frecuencia e intensidad hoy. En el mejor de los casos, sólo contamos con una información incompleta sobre el pasado distante. Algunos piensan que lo que parece ser un aumento en el número de desastres naturales es en realidad el resultado de un mejor registro y reportaje de los mismos.
El Centro Nacional de Información Sísmica de los EE.UU. nos indica: "Continuamos escuchando de mucha gente en todo el mundo que los terremotos van en aumento. Aunque puede parecer que hay más terremotos, el número de sismos de magnitud 7,0 o mayor ha permanecido bastante constante en todo este siglo y, de acuerdo con nuestros registros, parece que en realidad han disminuido en los años recientes". Ellos señalan que una explicación parcial puede atribuirse al hecho de que en los últimos 20 años se han localizado más terremotos cada año debido al tremendo aumento en el número de sismógrafos y debido a mejores sistemas de comunicación. Los científicos localizan unos 12.000 a 14.000 sismos cada año, o sea aproximadamente 35 por día.
No obstante, ellos señalan que el efecto de los terremotos ha sido "más marcado". A pesar de la construcción de estructuras más seguras, las pérdidas (tanto de vidas humanas como de propiedades materiales) son mayores. Sugieren que esto se debe a que la población de la tierra está aumentando y por lo mismo existen más propiedades materiales que pueden ser destruidas. Sin reparar en la frecuencia e intensidad de los terremotos y desastres naturales, su mayor impacto y destructividad es cierto.
Otros expertos también ven un aumento generalizado en la destructividad de los desastres naturales, especialmente en las últimas décadas. El Dr. William H. Hooke, director de la Oficina de Investigaciones Meteorológicas de los EE.UU. preguntó en un discurso reciente: "¿Es real el aparente aumento en el número de desastres naturales?" Señaló el ascendente costo anual de daños como un indicador definitivo de que sí es real. El promedio de las pérdidas en los EE.UU. debido a los desastres naturales, aunque altamente variables, es de $50 mil millones de dólares por año en los años recientes, o sea aproximadamente mil millones de dólares por semana. De mayor preocupación aún son las tendencias a largo plazo en los costos, lo que muestra que el costo de los daños, en dólares constantes, se ha duplicado o triplicado cada década en los últimos 35 años.
El Dr. Hooke señala que el impacto aumenta como resultado de los cambios de la sociedad, tales como la urbanización y la interdependencia tecnológica. Mientras se espera que las pérdidas por los desastres varíen considerablemente de un año a otro, es de esperarse que continúen aumentando como un porcentaje del producto nacional bruto.
Él señala que la frecuencia, fuerza y localización de los peligros -tormentas, inundaciones, sequías, terremotos, erupciones volcánicas e incendios- están íntimamente relacionadas con el "cambio global a largo plazo", ya sea debido a las variaciones naturales o a los cambios inducidos por el hombre.
Desastres naturales fortuitos
Hoy día, muchos desastres naturales parecen ser sucesos ambientales "normales" que se deben a condiciones ambientales naturales que existen en la creación de Dios.
Dios no causa directamente todos los desastres naturales. Muchos son simplemente sucesos anormales que ocurren al azar. En general, Dios ha adoptado una política de no intervención, permitiendo que la humanidad siga su propio camino y experimente el fruto de sus acciones. El sabio rey Salomón hizo la siguiente observación: "Ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos. Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos" (Eclesiastés 9:11-12).
Jesucristo explicó este principio de destrucción fortuita dando un ejemplo de cuando Pilato ordenó matar a algunos galileos para mezclar la sangre de ellos con los sacrificios que ofrecían. "¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13:2-3). En seguida él dio otro ejemplo, de cuando la torre en Siloé se desplomó, causando la muerte de 18 personas (vv. 4-5). Tal vez un terremoto causó su colapso. Sin reparar en cuál haya sido la causa, lo que Jesús estaba enseñando es que los desastres naturales, las circunstancias o los accidentes pueden cortar prematuramente la vida humana de quienes son sorprendidos por ellos.
Esto no significa que quienes sufren este destino son necesariamente más pecadores que los demás miembros de la sociedad. No obstante, los desastres deberían enviarnos un mensaje de advertencia a todos nosotros: Arrepentirse y buscar la protección de Dios mientras aún hay tiempo. "Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece" (Santiago 4:14).
Manifestaciones del poder divino
Los terremotos y los sucesos ambientales también pueden ser manifestaciones del poder divino. Cuando Dios entregó los Diez Mandamientos en el monte Sinaí, el suceso fue acompañado de truenos, relámpagos, espesas nubes, humo y un gran terremoto (Éxodo 19:18). Cuando Jesucristo murió, un terremoto subrayó la presencia y el poder de Dios; luego, hubo otro sismo después de su resurrección (Mateo 27:54; 28:2).
En ocasiones, Dios traerá terremotos y desastres naturales sobre los rebeldes para enseñar lecciones o traer sus justos juicios. Por ejemplo, Dios se valió de un terremoto para acabar con la rebelión de Coré en contra de Moisés y del liderazgo que Dios había escogido. Notémoslo: "Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes" (Números 16:32).
Causa y efecto
Desde que Eva comió del fruto prohibido, los desastres naturales han plagado a la humanidad. Puesto que Adán también escogió rebelarse contra Dios, sus descendientes tendrían que luchar con el medio ambiente para sobrevivir. Se le dijo a Adán: "Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3:17-19).
La historia registra la constante lucha del hombre por la supervivencia en contra de las malas condiciones ambientales. Aun hoy, la séptima parte de la población mundial: 840 millones de personas, vive en condiciones de hambre crónica. Todos los días 24.000 personas mueren de hambre; tres cuartas partes de este número son niños.
En ocasiones Dios ha intervenido en los acontecimientos humanos para traer bendiciones por la obediencia y maldiciones por la desobediencia. Él le dijo a Israel: "Si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos . . . quebrantaré la soberbia de vuestro orgullo, y haré vuestro cielo como hierro, y vuestra tierra como bronce. Vuestra fuerza se consumirá en vano, porque vuestra tierra no dará su producto, y los árboles de la tierra no darán su fruto . . . Traeré sobre vosotros espada vengadora, en vindicación del pacto; y si buscareis refugio en vuestras ciudades, yo enviaré pestilencia entre vosotros, y seréis entregados en mano del enemigo . . . cuando yo os quebrante el sustento del pan" (Levítico 26:14, 19-20, 25-26).
¿Obra de Satanás?
En ocasiones, Dios también permite que Satanás utilice diferentes desastres naturales para herir o destruir a la gente o sus posesiones. Job y su familia, sus siervos, sus animales y su propiedad fueron víctimas de los ataques directos de Satanás. En un día los merodeadores mataron con espadas, cayó fuego del cielo y un gran viento derribó la casa de Job y mató a todos sus hijos. Él perdió casi todas sus posesiones materiales y su familia inmediata (Job 1:13-19). Con el propósito de enseñar valiosas lecciones a su siervo Job, Dios permitió que Satanás lo humillara. Finalmente, Dios en su misericordia le restauró a Job el doble de lo que había perdido (Job 42:10).
En el tiempo del fin, el falso profeta, bajo la inspiración de Satanás, hará grandes señales y maravillas por medio de fenómenos de la naturaleza, tales como hacer que descienda fuego del cielo (Apocalipsis 13:13). El apóstol Pablo lo señala como "inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tesalonicenses 2:9-10).
Algunas señales pueden ser similares a las que usaron los hechiceros de Egipto. Ellos falsificaron los milagros que Dios, por su poder, obró por medio de Moisés, y ocasionaron desastres naturales, convirtiendo en sangre el agua de los ríos y trayendo sobre la tierra plagas de ranas, piojos y moscas (Éxodo 7:21-22; 8:7, 18).
Señales del tiempo del fin
Los terremotos, y lo que nosotros llamamos desastres naturales, serán señales importantes del poder de Dios en la progresión de los eventos que conducirán hacia el tiempo del fin. Tales desastres naturales serán causados por poderes sobrenaturales. Los "dos testigos", siervos de Dios en el tiempo del fin, podrán usar fuego para devorar a sus enemigos. Ellos tendrán poder para "cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y [tendrán] poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran" (Apocalipsis 11:3-6). Además, "truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto" precederán las plagas de las siete trompetas y las siete plagas postreras que traerán una destrucción masiva al sistema ecológico (Apocalipsis 8:5-13; 11:19; 16:1-21; Joel 1:15-20; 2:2-12).
Aun después de que Cristo empiece a reinar sobre la tierra, los elementos naturales causarán estragos en aquellas naciones que adopten una actitud terca y se obstinen en desobedecer (Zacarías 14:16-19). Hasta que Jesucristo regrese para establecer su reino, el impacto y la destructividad de los terremotos y desastres naturales aumentarán tal y como él lo predijo (Mateo 24:24). Estos desastres naturales afectarán de manera inesperada a mucha gente. Las fuerzas sobrenaturales del bien y del mal utilizarán los desastres naturales con mayor frecuencia conforme el tiempo del fin se acerca. La lección que debemos aprender es clara: Arrepentirnos y acercarnos a Dios para recibir su protección mientras hay tiempo de hacerlo.
Las buenas noticias son que, finalmente, magníficas bendiciones ambientales serán derramadas sobre los obedientes. Muchas profecías bíblicas nos pintan un hermoso cuadro del desarrollo ambiental utópico como resultado de estas bendiciones futuras (Isaías 41:17-18; Miqueas 4:3-4; Amos 9:13). La causa fundamental que está detrás de los desastres naturales será eliminada. La rebelión que empezó con el primer Adán, finalmente será detenida por la llegada del segundo Adán, Jesucristo (Isaías 11:9-10).
Rod Hall es un miembro de la Iglesia de Dios Unida en Spokane, Washington, EE.UU.
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'Y estaba la tierra llena de violencia'
Por ejemplo, en 1980, cuando mi esposa y yo nos cambiamos a la hermosa ciudad de Santiago de Chile, la violencia era relativamente escasa. Siempre estábamos bromeando que esta parte del mundo estaba atrasada en el tiempo por un mínimo de 20 años. ¡Hasta los automóviles parecían atrasados por un mínimo de 20 años! No era algo fuera de lo común ver a los caballeros quitarse sus sombreros cuando pasaba una dama. Esta era una parte tan aislada del mundo que los extranjeros eran vistos con un cierto asombro. La gente se preguntaba: "¿Quién querría jamás venir a vivir tan lejos?" En general, era una sociedad pacífica y conservadora, con una moral relativamente alta y pocos crímenes.
Las cosas ya no son así. ¡Qué tremendo cambio en menos de 20 años! Parece que la violencia ya ha penetrado en las regiones más remotas del mundo. Ahora, como en todos los países, aquí hay periódicos sensacionalistas que describen a diario, con lujo de detalles, los homicidios, las violaciones y los robos. Las drogas ya son cosa común entre la juventud. Por las noches, todos cierran sus casas y hay rejas en cada ventana. Tal parece que nosotros somos los que vivimos como prisioneros dentro de nuestras casas, mientras los ladrones andan libres. Tal es el mundo en que vivimos, dondequiera que sea.
Otro tipo de violencia "oculta" que debemos tener en cuenta son los abortos. Según las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas correspondientes a 1997, aproximadamente 175 millones de embarazos tienen lugar cada año; de éstos, 45 millones terminan en el aborto y 75 millones de niños nacen pero no son deseados. También, el mismo organismo estima que 60 millones de niñas estarían con vida ahora si no hubieran sido abortadas debido a su sexo. Finalmente, se menciona que cada año dos millones de muchachas de 5 a 15 años de edad entran en el negocio de la prostitución (World Population Prospects for 1997 ["Perspectivas de la población mundial para 1997"], Fondo de las Naciones Unidas para la Población, 27 de mayo de 1997, pp. 2-3).
Hasta este siglo, la violencia estaba limitada, entre otros factores, por las maneras en que el homicidio podía ser perpetrado. Era difícil llevarlo a cabo con tan sólo una navaja o una cachiporra. El homicidio se veía como algo sucio, un acto en el cual el asesino tenía que estar horriblemente cerca de su víctima. Es más, el atentado no siempre tenía éxito, y el agresor podía terminar muerto.
Pero en este siglo, con el advenimiento de armas baratas, hubo repentinamente una manera más rápida, más "limpia" y más distante de cometer homicidio. Esto ciertamente ha ayudado a que los criminales multipliquen sus crímenes en un acceso de furia. Ahora en cualquier parte de mundo las armas están disponibles a la población local.
Aunque el hombre ha sido violento casi desde el principio, como lo puede atestiguar el primer homicidio perpetrado por Caín contra su hermano Abel, muchos factores, como los ya mencionados, habían mantenido bajos los índices del crimen. Sólo una vez antes ha existido una violencia a escala universal comparable a la que estamos viendo ahora. Fue en el tiempo de Noé: "Se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia" (Génesis 6:11). Jesucristo mencionó que en los tiempos del fin las condiciones en el mundo serían similares a las de los días de Noé: "Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre . . . el día en que el Hijo del Hombre se manifieste" (Lucas 17:26, 30).
El apóstol Pablo también describió a la sociedad del tiempo del fin como una sociedad cruel y violenta: "También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles" (2 Timoteo 3:1-3).
Isaías, uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento, fue un instrumento de Dios no sólo para describir el empeoramiento de las condiciones morales en Israel durante sus días (lo cual los llevaría al cautiverio y al exilio), sino también para describir, como un paralelo, lo que ocurrirá en los tiempos del fin. Desde el principio del libro, en los capítulos 1 y 2, leemos una descripción inspirada, primero de la corrupción atroz que existió en Israel en aquellos días, y luego de las mismas circunstancias que prevalecerán en los tiempos del fin, cuando el Reino de Dios será inaugurado.
Isaías empieza diciendo en el capítulo 1: "¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza [la sociedad entera] no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite" (Isaías 1:5-6). Y en el capítulo 2 se describe el tiempo del fin: "Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes . . . y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno" (Isaías 2:2-3).
Esta dualidad de los relatos continúa a lo largo del libro de Isaías. En el capítulo 3 se describe el incremento de la violencia: "El pueblo se hará violencia unos a otros, cada cual contra su vecino; el joven se levantará contra el anciano, y el villano contra el noble" (Isaías 3:5). Esto es ciertamente un cuadro acertado de lo que hoy está sucediendo.
El profeta Daniel también describe la violencia e inmoralidad generalizadas como condiciones del tiempo del fin: "Al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey . . ." (Daniel 8:23). Así, vemos que el pecado tiene que llegar a cierto nivel antes de que Dios intervenga y permita que se cumplan los acontecimientos del tiempo del fin. Entonces se levantarán los personajes que desempeñarán los papeles principales.
El Apocalipsis describe la misma cosa: "Oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades" (Apocalipsis 18:5).
No es suficiente para los lectores de El Comunicado alejarse a sí mismos de la maldad de este mundo para escapar la corrección de Dios. También necesitamos llegar a un mayor entendimiento del trascendente propósito de Dios, de tal manera que no sólo nos enfoquemos en los efectos, sino que consideremos la causa de las condiciones humanas. Notemos lo que dice Ezequiel 9:4: "Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella". A menos que estemos verdaderamente afligidos por las condiciones en que se encuentra la humanidad, no tendremos el deseo de separarnos de este mundo. Jesús se basó en este concepto cuando mencionó en el Sermón del Monte: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación" (Mateo 5:4).
En verdad, la tierra está llena de violencia e inmoralidad, pero no sabemos en qué punto Dios considerará que la situación haya llegado a su nivel "pico" y decidirá intervenir. Mientras tanto, debemos continuar velando, siempre conscientes de que el aumento de la violencia en el mundo es uno de los factores que nos llevarán al tiempo del fin.
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