Iglesia de Dios Unida - Chile
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creencias

Creencias Fundamentales de la Iglesia de Dios Unida

¬ Dios el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo
¬ La Palabra de Dios
¬ Satanás el diablo
¬

La humanidad

¬

El pecado y la ley de Dios

¬

El sacrificio de Jesucristo

¬

Tres días y tres noches

¬

El arrepentimiento

¬

El bautismo por inmersión

¬

El día de reposo

¬

La Pascua

¬

Las fiestas bíblicas

¬

Las leyes de Dios acerca de los alimentos

¬

El servicio militar y la guerra

¬

Las promesas hechas a Abraham

¬

El propósito de Dios para la humanidad

¬ La iglesia
¬ El diezmo
¬ Las resurrecciones
¬ El regreso de Jesucristo
   
Nota: Este folleto nombra primero un resumen de cada creencia fundamental de la Constitución de la Iglesia de Dios Unida, una Asociación Internacional, luego explica y expande en aquellas creencias. Folletos adicionales a estos temas están disponibles sin costo alguno para usted.
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La Iglesia que Edificó Jesucristo
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El propósito de Dios
para la humanidad

Creemos que el propósito de Dios para la humanidad es preparar a quienes él llama —y quienes elijan al vencer el pecado, forjar un carácter justo y crecer en gracia y conocimiento— para que posean el Reino de Dios y se conviertan en reyes y sacerdotes para reinar con Cristo a su regreso. Creemos que la razón de la existencia de la humanidad es literalmente nacer como seres espirituales dentro de la familia de Dios (Romanos 6:15-16; 8:14-17, 30; Hechos 2:39; 2 Pedro 3:18; Apocalipsis 3:5; 5:10).

Dios desea que todos los seres humanos lleguen a ser miembros de su familia en el Reino de Dios (2 Pedro 3:9). Actualmente y como parte de este proceso, Dios está llamando a algunas personas para que hereden la vida eterna al regreso de Jesucristo a la tierra (1 Corintios 1:26-28; Mateo 20:16; Juan 6:44, 65); otros serán llamados más tarde. Aquellos que están siendo escogidos en la actualidad aceptarán a Cristo como su Salvador, someterán completamente su voluntad a la voluntad de Dios y lucharán para vencer el pecado en su vida (Apocalipsis 3:21).

Jesucristo es llamado “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:14-17, 29; Apocalipsis 1:5-6; Colosenses 1:15-18). En la resurrección, al retorno de Jesucristo, “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él” (1 Juan 3:2). Entonces, aquellos que hayan muerto en la fe serán resucitados, y quienes aún estén vivos en la fe serán transformados. Unos y otros se convertirán en seres espirituales y miembros de la familia de Dios (2 Corintios 6:18; 1 Corintios 15:42-53), y después servirán con Cristo como reyes y sacerdotes durante su reinado milenario aquí en la tierra (Apocalipsis 5:10; 20:4).

Dos de los cargos que Cristo desempeña son los de rey y sacerdote. Él es Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:15-16). Es además nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 3:1; 4:14-16; 5:5-6; 6:20; 7:24-28; 8:1-6; 9:11; 10:12). Otros compartirán sus responsabilidades como reyes y sacerdotes, sirviendo bajo su autoridad para cumplir la voluntad del Padre (Apocalipsis 5:10).

Aquellos que sean convertidos en sacerdotes en el milenio serán responsables de enseñar a las personas a discernir entre “lo inmundo y lo limpio”, una frase que incluye el concepto de ayudarles a discernir el bien del mal (Ezequiel 22:26; 44:23-24). Como mensajeros de Dios, enseñarán la ley de Dios y harán entender su significado y su aplicación (Malaquías 2:7-9).

Entre las responsabilidades de un rey del Antiguo Testamento se contaba la de escribir las palabras de la ley de Dios y “leerla todos los días de su vida” para que pudiera guardarla cuidadosamente y jamás apartarse de ella (Deuteronomio 17:18-20). Los que sean hechos reyes y sacerdotes en el Reino de Dios serán quienes, durante su vida física, le hayan permitido a Dios escribir su ley en su corazón y en su mente (Hebreos 8:10-11; Jeremías 31:33).

Como reyes durante el milenio, van a enseñar el camino de Dios a los seres humanos que aún estén con vida en aquella época (Isaías 30:20-21). Van a administrar el gobierno de Dios en aquellas funciones que Jesucristo les delegue (Mateo 19:27-28; Lucas 19:11-19). Estarán completamente sometidos a la voluntad de Cristo, de la misma forma en que él está completamente sometido a la voluntad del Padre (Juan 5:30). Como coherederos con Cristo, van a colaborar con él para enseñar y gobernar a los seres humanos que existan en la tierra (Apocalipsis 5:10).

El plan de Dios abarca toda la humanidad. El juicio del gran trono blanco, descrito en Apocalipsis 20:11-13, nos revela que todos los seres humanos que hayan muerto sin conocer ni entender el gran plan de Dios serán resucitados y se les revelará su verdadero potencial humano. El plan de Dios es de gran magnitud. Toda la humanidad recibirá la oportunidad de aprender la verdad de Dios y venir al arrepentimiento (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Esto ocurrirá después del milenio, cuando la inmensa mayoría de los seres humanos será resucitada y recibirá la oportunidad de salvación. Aquellos que se arrepientan y acepten a Cristo como su Salvador recibirán el don de la vida eterna en la familia de Dios, alcanzando el verdadero potencial que Dios les ha dado.

(Si desea profundizar en este tema, no vacile en solicitar el folleto gratuito Nuestro asombroso potencial humano.)



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