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La Hostilidad
Natural del Hombre Hacia Dios
¿Por qué el hombre rechaza
a Dios y las leyes divinas que definen sus normas? Las leyes
espirituales de Dios requieren que cada persona tenga una forma de
conducta que muy pocos están dispuestos a obedecer. El hombre rechaza a
Dios esencialmente porque sus leyes encierran una moralidad que de por
sí muestra interés por los demás antes que por uno mismo. Pero nosotros
primeramente estamos más interesados en nuestros deseos egoístas: lo que
es mejor para nosotros, lo que podemos obtener, cómo podemos ser
considerados como mejores que otros.
¿Por qué tenemos esta naturaleza egoísta? ¿Cómo se
originó? En la Biblia se nos habla acerca de la naturaleza hostil y
recelosa que es inherente a los seres humanos. En el capítulo 3 del
Génesis podemos ver que el diablo, con apariencia de serpiente, fue
quien sembró la sospecha y la rebeldía en la mente de la primera pareja
de seres humanos. De hecho, les dijo que Dios no les estaba diciendo las
cosas como eran realmente y los convenció de que ellos solos podían
arreglárselas sin su Creador, y quizá hasta mejor.
Cuando Eva se dejó engañar por las argucias del
diablo y luego Adán se rebeló junto con ella, Dios no los
obligó
a que le obedecieran. Pero ahora ellos tendrían que
vivir sin que él les revelara más conocimiento. Adán culpó a su esposa,
ella culpó a la serpiente y desde entonces el hombre siempre ha culpado
a otros por los errores que él mismo comete.
Pronto empezaron a ponerse mal las cosas. En un
arrebato de celos, el primer hijo de Adán y Eva mató a su hermano (Génesis
4). La envidia, los celos y la codicia hicieron presa de los seres
humanos, y así la violencia se convirtió en la forma en que el hombre ha
manejado sus conflictos y desavenencias. Rara vez los descendientes de
Adán y Eva han tratado de volverse a Dios y han estado dispuestos a
confiar en él.
Notemos lo que el apóstol Pablo dice acerca de lo que
motiva al hombre: “Los que son de la carne piensan en las cosas que son
de la carne . . .” (Romanos 8:5). Sus deseos carnales predisponen sus
mentes en contra de Dios y sus leyes morales. “Por cuanto —como lo
explica en el versículo 7— los designios de la carne son enemistad
contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”.
No debe sorprendernos, pues, que la mayoría de las
personas rechacen cualquier cosa que no vaya de acuerdo con su peculiar
manera de pensar (Jeremías 10:23). Creen que tienen una forma de vida
más conveniente y mejor, una que es muy superior a lo que ellos
consideran la dura y opresiva moral de la Biblia. No obstante, la ley de
Dios está muy por encima de los principios morales del hombre. Como dijo
el apóstol Pablo: “La sabiduría de este mundo es insensatez para con
Dios . . .” (1 Corintios 3:19).
En la historia del mundo,
ninguna nación o pueblo ha querido ser gobernado por la totalidad de los
Diez Mandamientos, porque éstos van en contra de las tendencias de la
naturaleza humana. Algunos ven que resulta provechoso guardar varios de
los mandamientos, tales como no mentir, no robar o no matar, pero casi
siempre escogen los mandamientos que quieren acatar, o sólo los obedecen
exteriormente.
Aun cuando obedecen la letra de esos mandamientos,
por lo general violan su espíritu y propósito, que Jesús definió como
amor hacia Dios y amor hacia nuestros semejantes (Mateo 22:37-40).
Al rechazar el camino que Dios nos revela, la gente
no se da cuenta de que ella misma se priva de bendiciones y se condena
al sufrimiento. “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien,
la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al Eterno tu Dios,
que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y
sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y el Eterno tu Dios te
bendiga . . .” (Deuteronomio 30:15-16).
Es triste decirlo, pero la mayoría decide no aceptar
el camino que Dios le ofrece y que la llevaría a tener una vida
abundante y productiva. Hay mucho más que podemos aprender sobre este
tema; aquí sólo hemos tocado la superficie. Por favor solicite dos
folletos gratuitos:
Los Diez Mandamientos
y El camino
hacia la vida eterna, en los cuales se
examinan estos temas más profundamente. |