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El Supremo Interrogante:

¿Existe Dios?

¬ Preguntas Decisivas
¬ Las Pruebas Saltan a la vista
¬ Un Planeta Perfecto para la Vida
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El principio del universo

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¿Qué tan grande es grande?

¬

Descubrimientos que desconciertan a la ciencia

¬

El Dador de la vida

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El silencio ensordecedor de los científicos

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El propósito de la vida

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¿Por qué nació usted?

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Las consecuencias de ciertas ideas

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La Hostilidad Natural del Hombre Hacia Dios

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Conozcamos a Dios

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¿Cómo se revela Dios?

¬

Un Dios que no está limitado por el tiempo ni el espacio

¬

Nuetra oportunidad especial

   
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La Hostilidad Natural del Hombre Hacia Dios

¿Por qué el hombre rechaza a Dios y las leyes divinas que definen sus normas? Las leyes espirituales de Dios requieren que cada persona tenga una forma de conducta que muy pocos están dispuestos a obedecer. El hombre rechaza a Dios esencialmente porque sus leyes encierran una moralidad que de por sí muestra interés por los demás antes que por uno mismo. Pero nosotros primeramente estamos más interesados en nuestros deseos egoístas: lo que es mejor para nosotros, lo que podemos obtener, cómo podemos ser considerados como mejores que otros.

¿Por qué tenemos esta naturaleza egoísta? ¿Cómo se originó? En la Biblia se nos habla acerca de la naturaleza hostil y recelosa que es inherente a los seres humanos. En el capítulo 3 del Génesis podemos ver que el diablo, con apariencia de serpiente, fue quien sembró la sospecha y la rebeldía en la mente de la primera pareja de seres humanos. De hecho, les dijo que Dios no les estaba diciendo las cosas como eran realmente y los convenció de que ellos solos podían arreglárselas sin su Creador, y quizá hasta mejor.

Cuando Eva se dejó engañar por las argucias del diablo y luego Adán se rebeló junto con ella, Dios no los obligó a que le obedecieran. Pero ahora ellos tendrían que vivir sin que él les revelara más conocimiento. Adán culpó a su esposa, ella culpó a la serpiente y desde entonces el hombre siempre ha culpado a otros por los errores que él mismo comete.

Pronto empezaron a ponerse mal las cosas. En un arrebato de celos, el primer hijo de Adán y Eva mató a su hermano (Génesis 4). La envidia, los celos y la codicia hicieron presa de los seres humanos, y así la violencia se convirtió en la forma en que el hombre ha manejado sus conflictos y desavenencias. Rara vez los descendientes de Adán y Eva han tratado de volverse a Dios y han estado dispuestos a confiar en él.

Notemos lo que el apóstol Pablo dice acerca de lo que motiva al hombre: “Los que son de la carne piensan en las cosas que son de la carne . . .” (Romanos 8:5). Sus deseos carnales predisponen sus mentes en contra de Dios y sus leyes morales. “Por cuanto —como lo explica en el versículo 7— los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”.

No debe sorprendernos, pues, que la mayoría de las personas rechacen cualquier cosa que no vaya de acuerdo con su peculiar manera de pensar (Jeremías 10:23). Creen que tienen una forma de vida más conveniente y mejor, una que es muy superior a lo que ellos consideran la dura y opresiva moral de la Biblia. No obstante, la ley de Dios está muy por encima de los principios morales del hombre. Como dijo el apóstol Pablo: “La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios . . .” (1 Corintios 3:19).

En la historia del mundo, ninguna nación o pueblo ha querido ser gobernado por la totalidad de los Diez Mandamientos, porque éstos van en contra de las tendencias de la naturaleza humana. Algunos ven que resulta provechoso guardar varios de los mandamientos, tales como no mentir, no robar o no matar, pero casi siempre escogen los mandamientos que quieren acatar, o sólo los obedecen exteriormente.

Aun cuando obedecen la letra de esos mandamientos, por lo general violan su espíritu y propósito, que Jesús definió como amor hacia Dios y amor hacia nuestros semejantes (Mateo 22:37-40).

Al rechazar el camino que Dios nos revela, la gente no se da cuenta de que ella misma se priva de bendiciones y se condena al sufrimiento. “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames al Eterno tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y el Eterno tu Dios te bendiga . . .” (Deuteronomio 30:15-16).

Es triste decirlo, pero la mayoría decide no aceptar el camino que Dios le ofrece y que la llevaría a tener una vida abundante y productiva. Hay mucho más que podemos aprender sobre este tema; aquí sólo hemos tocado la superficie. Por favor solicite dos folletos gratuitos: Los Diez Mandamientos y El camino hacia la vida eterna, en los cuales se examinan estos temas más profundamente.


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