Iglesia de Dios Unida
| |
|
Clyde Kilough |
Roy Holladay |
|
| |
|
Poco
después del mediodía del martes 4 de marzo, el Consejo de Ancianos concluyó su
más reciente reunión trimestral. Pudimos cubrir bastante en esta sesión—en
realidad, más de lo que habíamos planeado en la agenda original. Ciertamente es
demasiado para detallarlo en esta carta, pero usted puede mantenerse al día por
medio de los informes del Consejo que aparecen en la página de Unida en el
Internet o por medio de los informes provistos por su pastor. Puedo decirles que finalizamos el Plan Estratégico, el Plan Operativo y el presupuesto para el período 2003-2004, y nos da gusto informar que a pesar de la difícil e inestable situación de la economía, tenemos planes de crecimiento. Al ver que otras organizaciones religiosas hacen recortes en sus programas y en su número de empleados, estamos muy agradecidos con Dios por este “maná financiero”, como atinadamente lo describió nuestro tesorero Tom Kirkpatrick. Desde luego, este maná financiero nos da los recursos para proveer tanto a la Iglesia como a un mundo hambriento con “maná espiritual”, la Palabra de Dios.
Pronto recibiremos otra bendición que es un gran don de Dios—la Pascua y los
Días de Panes Sin Levadura. Parece ser una ley de la vida que la bendición que
recibimos en las fiestas de Dios sea directamente proporcional al grado de
preparación espiritual que hayamos tenido para ellas. Así que no es demasiado
pronto para dirigir nuestros pensamientos en esa dirección.
Durante la reciente reunión trimestral del Consejo, constaté que el camino de
vida de Dios es un continuo proceso de solución de problemas. Pude ver esto al
comparar nuestro trabajo diario como Cristianos individuales, con el trabajo del
Consejo. Es decir, gran parte del trabajo del Consejo puede clasificarse en dos
amplias categorías: el establecimiento de directrices en asuntos de la iglesia o
la solución de problemas en asuntos de la iglesia. La primera categoría es
emocionante y revitalizadora; la segunda, desafiante y difícil. El Consejo
siempre tiene que enfrentarse a un poco de ambas, y lo mismo nos pasa a cada uno
de nosotros en nuestra vida diaria. Tenemos que trabajar a diario para fijar la
dirección correcta en nuestros asuntos espirituales individuales, y también
tenemos que solucionar problemas en nuestros asuntos espirituales.
En nuestra vida siempre tendremos problemas y algunas veces es tedioso bregar
con ellos, pero esta es una de esas áreas donde no podemos “cansarnos de hacer
bien” (Gálatas 6:9). Debemos ser siempre personas que procuran solucionar los
problemas. En otras palabras, una vez que hayamos identificado claramente el
problema, debemos estar listos para comenzar el trabajo real—con la ayuda de
Dios, esforzarnos por discernir y aplicar las respuestas apropiadas. La
humanidad, desde luego, sin la ayuda de Dios, nunca ha sido muy buena en esto.
Por ejemplo, la actual situación de “guerras y rumores de guerras” está
destinada a convertirse, no importa el curso que finalmente tome, en otro pobre
intento del mundo por solucionar problemas. Tal como ocurre con la mayoría de
las soluciones humanas a los problemas, ello dará como resultado la creación de
nuevos problemas.
Sin embargo, Dios nos ha llamado a todos nosotros para que seamos personas que
solucionan problemas. En un mundo que no logra encontrar el camino para salir de
sus problemas, Dios nos ha llamado a ser modelos en cuanto a la solución de
problemas. Él no nos ha llamado para resolver los problemas del mundo ahora,
pero sí nos ha llamado para mostrar que, a través de nuestras vidas
individuales y como iglesia, se pueden hallar nuevas formas de resolver viejos
problemas. Él nos ha llamado para enfrentar los asuntos difíciles de la vida,
para pensar bien, orar fervientemente, escudriñar Su Palabra y sondear Su mente.
Nos ha dado Su Espíritu para suplir los pensamientos correctos, la fe,
perseverancia, sabiduría y carácter que necesitamos para vencer y cambiar en
realidad.
La Pascua y los Días de Panes Sin Levadura son el comienzo del repaso anual del
proceso que Dios tiene para la solución de problemas, un proceso que sí
funciona, no sólo ahora en nuestras vidas sino después en las de toda la
humanidad. Este tiempo del año es un gran regalo de Dios, porque en su
significado hallamos tanto el camino espiritual correcto como las soluciones a
todos los problemas.
Gracias por su fiel apoyo a la obra de Unida. Sabemos que Dios los ha bendecido,
no sólo físicamente, sino también con corazones generosos. Aún más importante,
en este mundo lleno de problemas, preparémonos para la próxima temporada de Días
Santos, para que seamos bendecidos con el maná espiritual que necesitamos
continuamente. Con afecto y cariño,
|