Iglesia de Dios Unida
una Asociación Internacional

CARTAS ANTERIORES

Clyde Kilough
Presidente del Consejo

Roy Holladay
Presidente


Julio 25, 2003

 

Queridos Hermanos:

Con frecuencia, cuando viajo a las congregaciones locales, me preguntan acerca de la visión. ¿Cuál es la visión de la Iglesia de Dios Unida? ¿Ha cambiado nuestra visión? ¿Cómo se relacionan los miembros con esa visión? A menudo hablamos acerca de la misión de la Iglesia, lo cual ciertamente es bueno y correcto hacer. No obstante, es vital conocer y vivir la visión que Dios nos ha dado, la cual provee el propósito y la motivación para nuestra misión. 

También es importante poder distinguir entre la visión, la misión y las estrategias usadas para implementarlas. Las tres cosas son necesarias—ya sea que hablemos acerca de la Iglesia, o de nuestras vidas personales, o del proyecto que emprendemos, etc. Espiritualmente (en nuestras vidas personales y en la Iglesia como entidad) la Biblia se expresa claramente respecto a estas áreas. 

Visión tiene que ver con nuestra meta u objetivo final—dónde queremos ir. Visión es la visión global. ¿Cuál es la visión global que tenemos frente a nosotros? El Reino de Dios. La visión no ha cambiado desde los profetas de la antigüedad. Nuestra declaración de visión va directamente al meollo de esa esperanza: “La visión de la Iglesia deriva su inspiración y motivación del propósito de Dios para la humanidad: llevar muchos hijos a gloria. El deseo de Dios es que todos se salven y vivan eternamente en Su Reino y en Su Familia. La misión de la Iglesia consiste en ayudar a cumplir esa visión”. La visión debe motivarnos con emoción, empuje y determinación. ¡La visión nos enciende con el deseo de hacer la obra de Dios! ¿Qué responsabilidad más grande podemos tener que ser utilizados por Dios para llevar muchos hijos a la gloria? 

Todo el capítulo  de Mateo 6 nos exhorta a que mantengamos nuestra visión enfocada en el Reino de Dios. En los versículos 1 al 18, Cristo dice que nuestras acciones (obras de caridad, oración y ayuno) debemos hacerlas con un propósito central—servir a Dios—y no con propósitos divididos para ser vistos por los hombres. En los versículos 19 al 24, Él nos advierte acerca de no permitir que los bienes materiales nos distraigan hasta el punto de descuidar nuestra salvación espiritual. El capítulo concluye con la bien conocida amonestación: “Buscad primeramente el Reino de dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (v. 33). El tema general de este capítulo es claro: un enfoque centrado en Dios, en Su justicia y en Su Reino, y asegurarnos que nuestras acciones reflejen eso. 

Todo lo que hacemos en la Iglesia debe estar dirigido al cumplimiento de esa visión. Muchas compañías y organizaciones utilizan en su planeación estratégica la siguiente directriz: “Si algo que hacemos cumple con el objetivo de nuestra visión, continuaremos haciéndolo. Si no cumple con el objetivo de nuestra visión, no lo haremos”. Una vez  más, nuestra visión es el Reino de Dios, entrar en él y ayudar a Dios en Su obra de llevar muchos hijos a Su Reino. Nuestras acciones deben enfocarse claramente en eso. 

Eso nos lleva al concepto de misión. La misión de la Iglesia tiene que ver más con el trabajo diario de la Iglesia. La declaración de misión que guía a Unida tiene un fundamento bíblico. Es la misma misión o comisión que Jesucristo les dio a los apóstoles: “La misión de la Iglesia de Dios es predicar el evangelio de Jesucristo y el Reino de Dios en todo el mundo, hacer discípulos en todas las naciones y cuidar de esos discípulos”. La misión de la Iglesia se centra en proclamar el evangelio, trabajar con los que Dios llama y cuidar, servir  y amar a la familia de Dios en la tierra. La declaración de la misión fluye directamente de la declaración de la visión. Es la ejecución de la visión y describe en líneas generales lo que debe suceder para lograr la visión. Unas pocas escrituras en este sentido: 

Mateo 28:19-20—“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. 

Marcos 16:15-16—“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. 

Juan 21:15-17—“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.

         Notemos que Cristo no le pone un límite de tiempo a esta misión. De hecho, necesitamos ser hallados “haciendo así” a Su regreso. 

Cómo llevamos a cabo esa misión está relacionado con formular las estrategias. ¿Cómo predicamos el evangelio? Podemos tener varias estrategias para llevar a cabo esa misión: radio, TV, videos, el Internet, la revista las Buenas Noticias, folletos y artículos, publicidad, iniciativas locales, conferencias públicas, etc. Estas categorías también son refinadas—se desarrollan estrategias sobre cómo usar la TV y la radio, cuántos folletos y qué temas debemos cubrir, etc. Hay preguntas filosóficas que necesitan ser tratadas y que tienen que ver con la forma en que llevamos a cabo la predicación del evangelio. El Consejo de Ancianos ha tratado esas preguntas, y en 1999 el Consejo formuló las siguientes directrices: “Jesucristo le dio a la Iglesia la comisión ... de predicar el evangelio del Reino de Dios como un testimonio (Mateo 28:19 y 24:14)... Además, sus mensajes contenían una advertencia dirigida a los oyentes en el sentido de que serían castigados como resultado de su negativa a arrepentirse (Colosenses 1:27 y 28 ). Más aún, los profetas del Antiguo Testamento amonestaron a los siervos de Dios a que sirvieran de atalayas (Ezequiel 22:20 y 33:1-10)”. 

El mensaje es servir de testigo y llevar un mensaje de advertencia también. No obstante, también nos damos cuenta de la necesidad de dar esperanza ahora. Evangelio significa ¡buenas noticias! El evangelio da buenas noticias sobre cómo vivir nuestras vidas hoy en día y también sobre la esperanza que tenemos en el futuro. 

          La Biblia es clara respecto a nuestra visión y nuestra misión. Nuestra responsabilidad en la obra que Dios nos ha dado es permanecer enfocados en el cumplimiento de la visión y de la misión. La visión del Reino y vida eterna en la familia de Dios necesita guiarnos en todo lo que hacemos. Entonces buscamos la voluntad y dirección de Dios en las estrategias que utilizamos. Mantengamos esa visión ardiendo con gran resplandor en nuestros corazones y humillémonos delante de nuestro Padre conforme llevamos a cabo la misión del Reino.

Al servicio de Cristo,

Roy Holladay
Presidente

 

 

 

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