Iglesia de Dios Unida
una Asociación Internacional

CARTAS ANTERIORES

Clyde Kilough
Presidente del Consejo

Roy Holladay
Presidente


Enero 29, 2004

 

Queridos Hermanos:

Pocos eventos deportivos generan más emoción que una carrera de relevos. Ocasionalmente, un buen equipo es descalificado debido a que fallan en el momento de pasar el bastón. El equipo de relevos masculino  (4 x 100) de EE.UU. ha sido muy respetado por ganar repetidamente la medalla de oro Olímpica en esta competencia. Noten una cita de un artículo en el diario Washington Post de 1996. Antes de 1996, “los atletas norteamericanos de la rama masculina nunca se han conformado con la plata o el bronce en la historia de la Olimpíada. Ha sido oro o fracaso; Estados Unidos ha ganado 14 de los 18 eventos competitivos. En 1912, 1960, y 1988 Estados Unidos fue descalificado”. El equipo canadiense de relevos (4 x 100) ganó el oro mundial en 1995 y 1997  y otra vez en las Olimpíadas de Atlanta en 1996. No obstante, en 1999 el equipo canadiense masculino vio sus esperanzas de un tercer título mundial frustradas,  por pasar el bastón fuera de la zona en los campeonatos mundiales de pista y campo. 

         Estos ejemplos ilustran la importancia de pasar apropiadamente el bastón de mando al siguiente compañero de equipo. Actualmente, nosotros estamos en el proceso de realizar 15 conferencias ministeriales de un día para el ministerio de los EE.UU. El lema de estas conferencias es “Pasando el Bastón de Mando”. 

         La Iglesia reconoce su responsabilidad de pasar a la siguiente generación el manto de liderazgo y valores Cristianos. Admitimos este deber cuando establecimos el Centro Bíblico Ambassador. La misión del CBA es “transmitir a los que estén interesados, y especialmente a la siguiente generación de jóvenes en la Iglesia de Dios, las preciosas verdades de Dios como se hallan en la Biblia...”        

         El tema principal de esta serie de conferencias ministeriales es cómo reconocer y ayudar a desarrollar la siguiente generación de líderes en la Iglesia. Ésta ha sido siempre la tarea de la Iglesia a través de todas las generaciones. A medida que una generación de la Iglesia envejece y muere, es imperativo que la siguiente generación esté preparada para asumir el liderazgo—a todos los niveles del Cuerpo de Cristo. Para facilitar este proceso, se está educando e instruyendo al ministerio en el proceso de tutoría. No obstante, nos damos cuenta de que el éxito de esta iniciativa depende de que todos nosotros ayudemos a enseñar a la siguiente generación de líderes. Tito 2:4 ilustra lo que nosotros estamos promoviendo cuando declara que las ancianas deben enseñar las habilidades hogareñas y los valores familiares a las mujeres jóvenes. 

         Bíblicamente, “pasar el bastón de mando” empieza a una edad muy temprana, y empieza en la familia. Noten Deuteronomio 6:6-9: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como fortaleza entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas”. 

         ¿Por qué debía hacerse esto? Por dos razones principales: En primer lugar, para que Israel fuera una nación santa. Lo que una persona aprende en su juventud, no es probable que lo olvide fácilmente. En segundo lugar, para que estos individuos desarrollaran una relación personal con Dios y obtuvieran un carácter santo. 

         Desde luego, nosotros sabemos que Israel estuvo lejos de ser una nación santa durante gran parte de su historia. ¿Por qué? “Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía al Eterno, ni la obra que él había hecho por Israel. Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Eterno” (Jueces 2:10-11). La nueva generación no fue enseñada acerca de Dios, ni llegó a conocer a Dios. Es imperativo que nosotros enseñemos ambas cosas a las futuras generaciones, y esto empieza con las familias. Efesios 6:4 nos amonesta a los que somos padres a criar a nuestros hijos en la instrucción y guía de Dios. No hay algo más importante que podamos proveer a nuestros hijos que criarlos en un hogar santo, y encauzarlos a una relación personal con nuestro Padre y con Jesucristo. 

         Una vez que hayamos establecido un fundamento firme y una base sólida en los corazones de nuestros jóvenes, entonces necesitamos enfocarnos en guiarlos a una relación con Dios y a un entendimiento de Su Palabra más maduros y más profundos. También implica brindar a nuestros jóvenes oportunidades de liderazgo en las congregaciones, en nuestros programas (como los Campamentos Juveniles de Unida donde docenas de voluntarios sirven cada año), en los sitios de Fiesta, etc. Aprendemos mejor haciendo, y también aprendemos mejor enseñándonos a nosotros mismos. Noten lo que Pablo le escribió a Timoteo en 2 Timoteo 2:2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. A Timoteo se le dijo que enseñara a hombres fieles, quienes a su vez enseñarían a otros hombres fieles, quienes a su vez... bien, ustedes pueden entender el mensaje. En Israel también los sacerdotes y Levitas entrenarían a sus hijos para sus futuras funciones como sacerdotes y servidores de Dios. Hay indicios de que Samuel, Elías y tal vez otros, estuvieron educando a nuevos líderes espirituales. 

         Nosotros nos estamos esforzando constantemente por descubrir los métodos y actividades más efectivos para “pasar el bastón de mando” de la verdad de Dios. Todos nosotros debemos estar comprometidos para avanzar en este sentido. Ahora mismo, un área en la que nos estamos enfocando es entrenar a las personas locales como líderes en las congregaciones. Necesitamos personas que pueden dirigir a la manera de Dios. Necesitamos maestros de escuela Sabática, coordinadores de actividades, líderes de personal, diáconos, ancianos locales, etc. Nos sentimos entusiasmados acerca de las posibilidades en esta área, y anticipamos aun más en los meses y años venideros.        

         El liderazgo no puede ser desarrollado en la nada, ni se aprende en un escritorio. Nadie aprende liderazgo, sabiduría u otras habilidades semejantes dejando que otros decidan por él. Se requieren oportunidades para planear, consultar, tomar decisiones y, sí, cometer errores. Hemos enfocado nuestras discusiones acerca de pasar el bastón de mando proveyendo estas oportunidades de participación. En los últimos años, especialmente nuestros jóvenes han pedido más oportunidades de participación en las congregaciones y en la Iglesia. Eso nos agrada. Agradecemos la iniciativa y la energía que proveen nuestros hermanos—y su nivel de experiencia profesional. Todo esto es parte de ser un miembro del Cuerpo de Cristo: “De quien todo el cuerpo... según la actividad    propia de cada miembro, recibe su crecimiento par ir edificándose en amor” (Efesios 4:16).        

         En realidad, ¿no es esto también lo que Dios está haciendo con nosotros—entrenándonos para que Él pueda pasar un bastón más grande de liderazgo a nosotros en el Reino de Dios, para que nosotros, a su vez, podamos guiar y enseñar a otros?

 

Al servicio de Cristo,

 

Presidente del Consejo de Ancianos

 

 

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