Iglesia de Dios Unida
una Asociación Internacional

CARTAS ANTERIORES

Clyde Kilough
Presidente del Consejo

Roy Holladay
Presidente


Enero 30, 2003

 

Queridos Hermanos:

Una de las oportunidades agradables de ser presidente es el privilegio de visitar las áreas locales de la iglesia con cierta regularidad. Durante los dos últimos fines de semana Norma y yo visitamos las congregaciones de Williamsburg y Delmar en Virginia, y la congregación de Akron en Ohio. En ambas ocasiones se llevó a cabo un baile especial el sábado por la noche. Fue muy agradable visitar áreas en dónde hemos servido en el pasado. Nuestro primer trabajo en 1963 fue en las áreas de Akron y Toledo, Ohio, y Pittsburg, Pensilvania. Estuve como pastor en las áreas de Richmond y Norfolk, Virginia desde 1974 hasta 1977. En ambas áreas los miembros apoyan de una manera entusiasta a Unida y nuestras metas. Apreciamos mucho el buen trabajo que nuestros pastores están haciendo en ambas áreas. Tanto Todd y Gloria Carey como Dave y Pam Myers están dando un maravilloso ejemplo de servicio al pueblo de Dios. ¡Quisiéramos poder clonarlos y enviarlos a otras áreas dónde nos faltan pastores!

Antes de entrar de lleno en el tema principal de esta carta, quiero compartir con ustedes las siguientes noticias. Dos de nuestros pastores, David Baker y John Elliott, están en África. Como les escribí antes, John reemplazará a David como pastor en Kenya. Este es un viaje de transición para que John conozca a los hermanos y se familiarice con sus responsabilidades adicionales. Por favor oren por su protección, especialmente teniendo en cuenta los problemas en el Oriente Medio. También, a partir del mes que empieza, Unida volverá a imprimir una edición en francés de Las Buenas Noticias titulada Bonnes Nouvelles. La última vez que tuvimos una edición francesa fue en mayo/junio de 1998. La revista Las Buenas Noticias se está publicando ahora en cinco idiomas—inglés, francés, alemán, italiano y español.

La lectura de nuestros documentos de gobierno—como el Plan Estratégico, la Constitución y los Reglamentos—tal vez no sea una lectura muy emocionante. No obstante, estos documentos empiezan con conceptos fundamentales—de las Escrituras—que son de vital importancia para recordar.

·        La declaración de visión del Plan Estratégico de Unida dice lo siguiente: “La visión de la Iglesia deriva su inspiración y motivación del propósito de Dios para la humanidad: llevar muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10). El deseo de Dios es que todos se salven y vivan eternamente en Su Reino y en Su familia. La misión de la Iglesia es ayudar en el cumplimiento de esa visión”.

·        La declaración de misión en nuestra Constitución dice esto: “La misión de la Iglesia de Dios es predicar el evangelio de Jesucristo y el Reino de Dios en todo el mundo, hacer discípulos en todas las naciones y cuidar de esos discípulos” (Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-16; Juan 21:15-17).

·        El sello de la Iglesia de Dios Unida tiene esta frase: “Predicando el Evangelio, Preparando un Pueblo”.

¿Tenemos una visión de lo que Dios está haciendo?

Desde el principio del tiempo, Dios ha tenido una visión de a dónde se dirige y qué es lo que va a lograr. En Mateo 25:34 leemos (énfasis agregado): “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado par vosotros desde la fundación del mundo”. La visión de Dios a largo plazo ha sido preparar un reino para Su familia—y preparar Su familia para heredar un reino y una existencia eternos.

La palabra “preparar” aquí simplemente significa alistar o llevar a cabo el trabajo de avance necesario para que todo esté terminado en el momento correcto. En realidad se deriva de la costumbre oriental de enviar siervos con anticipación al arribo de los reyes, para nivelar el camino y hacerlo transitable. La palabra “reino” significa realeza, gobierno, reinado, dominio, poder real. Así, Dios y Jesucristo están preparando un lugar de realeza en Su familia para los escogidos, la Iglesia.

¿Cómo se lleva a cabo esta visión?

En Efesios 1:22-23 leemos un principio fundamental que tiene que ver con nuestra relación individual y colectiva con Dios: “Y [Dios] sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo”. Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia. A Él le ha sido dada la responsabilidad de perfeccionar, completar, desarrollar, preparar la familia de Dios. Él no fallará en completar la voluntad del Padre perfectamente.

Como Cabeza activa y viviente del Cuerpo, ¿qué ha estado haciendo Jesucristo?

Él está conduciendo la Iglesia colectivamente, y a nosotros individualmente, para conformarnos a Su imagen. Aunque hay muchos detalles que podrían discutirse aquí, me gustaría enfocarme en algunos de los logros principales que se han alcanzado desde que Unida comenzó.

·        Preservación de la Iglesia. La Biblia nos dice claramente que la entrada en el Reino de Dios no sería fácil (Mateo 24:9-10; Hechos 14:22). Habrá pruebas y Satanás tratará de destruir la Iglesia en cada oportunidad. No obstante, Cristo prometió—aún en los peores tiempos, que probablemente no hemos visto todavía—preservar Su Iglesia. Él hizo precisamente eso hace algunos años. Él siempre cuidará de y proveerá para los fieles. (Ver Mateo 16:18; Mateo 28:18-20; Hebreos 13:5).

·        Preservación de la verdad. Cristo se describe a Él mismo como “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). A pesar de la enorme herejía doctrinal a través de los siglos, la verdad permanece. En 2 Tesalonicenses 2:1-12, se nos dice de “la apostasía” que debe ocurrir antes del regreso de Jesucristo. ¿Por qué son engañadas las personas? Porque no tienen un profundo y sincero amor de la verdad (v. 10). Dios trabajará con aquellos que tienen este amor por la verdad.

·        Relaciones. En mayo de 1996, el Consejo de Ancianos identificó un problema de fondo que consideró que era necesario que la Iglesia lo afrontara y tratara. La declaración era sencilla, no obstante fuerte: “No nos hemos tratado siempre los unos a los otros a la manera de Dios”. Estoy seguro de que es innecesario decir que Dios no está interesado en tener hijos e hijas en Su familia que no saben cómo mostrar el amor de Dios unos a otros (1 Juan 4:20). Cristo está conduciendo la Iglesia a reconocer las acciones prácticas que promueven las relaciones a la manera de Dios. Debemos implementar el ejemplo de Cristo en la tierra en nuestro trato con otros.

·        La mente de Cristo—dirigiendo como un siervo. Durante los 2½ años pasados, hemos comenzado a explorar lo que significa en la práctica de la vida real, tener e implementar la mente de Cristo tal y como se describe en Filipenses 2:1-8. Hablamos de esto simplemente en términos de desarrollar liderazgo de servicio centrado en Cristo. Jesucristo fue llamado “mi siervo” por Dios el Padre (Mateo 12:18). Moisés, Josué, Pablo, Santiago y otros fueron llamados siervos de Dios. Los ministros son llamados siervos de Dios (2 Timoteo 2:24). Nos damos cuenta de que el título no tiene valor alguno a menos que tengamos la mente y el corazón de Jesucristo, el cual era el de ser un siervo—un siervo de Dios y un siervo a otros. Cristo está interesado en tener líderes en el Reino que cuiden de los mejores intereses de aquellos a quienes están sirviendo—y que no busquen sus propios intereses (Mateo 20:25-28). Ya que podemos mejorar en esta área, hemos estado enfocando la atención en cómo debemos implementar la mente de Cristo en el diario vivir y en nuestra motivación en todo lo que hacemos.

·        El cambio a Cincinnati. Hace casi cinco años, cambiamos nuestra oficina central a Cincinnati del sur de California. Aunque el proceso no fue fácil, éste reveló un equipo de personas que estaban dispuestos a trabajar juntos en unidad y en humildad. El fruto positivo de esta decisión ha sido manifiesto en numerosas áreas de la obra de la Iglesia.

·        Involucrarse. Una de las características fuertes de Unida es que los ministros y miembros se involucran en la obra de la Iglesia en un grado mucho mayor que en el pasado. Dios les ha dado a los miembros de la Iglesia Su Espíritu, junto con diferentes talentos y habilidades para servir al Cuerpo (1 Corintios 12). En cada generación se les ha dado a los siervos de Dios un trabajo para hacer (Hechos 13:36). Nuestro trabajo es predicar el evangelio y preparar un pueblo bajo el liderazgo de Cristo.

Esto es lo que Jesucristo ha estado haciendo, y continúa haciendo.

¿Para qué estamos siendo preparados entonces?

Estamos siendo preparados como la Esposa de Cristo (Efesios 5:22-32). Cristo está preparando a la Iglesia para ser una ayuda idónea y compatible para Él, así como una esposa debe serlo para su esposo. Notemos los atributos que la Esposa de Cristo desarrollará con Su ayuda. La esposa debe estar sujeta a Cristo como Cabeza (vv. 23-24). Jesucristo ama a la Esposa y Él se entregó a sí mismo por ella como un sacrificio (v. 25). La Esposa debe ser santificada (apartada para un propósito santo) y limpiada por la Palabra de Dios (v. 26). La Esposa debe llegar a ser espiritualmente hermosa, sin mancha y santa (v. 27). Cristo provee para Su Esposa y la honra (v. 29). En todos los aspectos, Cristo está preparando a la Esposa para que ésta sea perfectamente compatible con Él.  Quiere una esposa que tenga Su mente, Su enfoque, Su carácter, que lo siga a Él en todo—que tenga Su misma naturaleza divina.

También estamos siendo preparados para posiciones de autoridad y responsabilidad. En Juan 14:1-3, Cristo les dijo a Sus discípulos que Él iba a preparar lugar para ellos en la “casa” o Reino de Su Padre. En varias escrituras se nos dice que los santos heredarán el Reino y servirán como “reyes y sacerdotes” (Daniel 7:13-14, 18, 22, 27; Apocalipsis 1:6; 5:10). Los deberes de un sacerdote incluyen enseñar a la gente la verdad de Dios y dirigir el desarrollo espiritual de la sociedad. Los deberes de un rey incluyen gobernar bien una ciudad o nación y proveer para las necesidades de los ciudadanos. El Padre sabe lo que se va a necesitar y  nos está preparando para posiciones de acuerdo a Su voluntad (1 Corintios 12:18).

¿Cuál es entonces nuestra responsabilidad en esta fase y proceso de preparación?

Mientras Jesucristo está preparando a Su Esposa bajo la dirección del Padre, la Iglesia tiene que desempeñar un papel muy activo. Notemos Apocalipsis 19:7-8: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. También, Efesios 4:16: “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Al leer la Palabra de Dios es evidente que la Iglesia como un todo—y los miembros individualmente—tienen una seria responsabilidad de prepararse a sí mismos para las bodas del Cordero.

En Lucas 12:35-48, se hallan varias descripciones y amonestaciones acerca de cómo debemos prepararnos. Debemos mantener nuestras “lámparas ardiendo”—nuestra vida espiritual activa y creciendo. Se hace referencia a nosotros como siervos, lo que significa que debemos tener la mente de Jesucristo. Debemos estar vigilando, despiertos, sobrios y alertas. Debemos estar conscientes de los acontecimientos mundiales y cómo Dios está dirigiendo Su Iglesia. Debemos ser fieles, personas en quienes Dios puede confiar que estarán listas cuando Él regrese. Debemos estar haciendo así—mayordomos fieles de lo que Dios nos ha dado. (Ver también Mateo 25:14-30). Hacia el final de esta sección hay una fuerte advertencia: Debido a que conocemos la voluntad de Dios, debemos ser diligentes en hacer la voluntad de Dios.

En 1 Corintios 2:9-10, se nos recuerda que Dios le ha revelado a Su familia el maravilloso plan y futuro que Él ha preparado. Esa visión debe estar activa y ardiendo en nuestros corazones. Necesitamos tener en nuestros corazones éstas y otras escrituras acerca de lo que Jesucristo está haciendo. A través de los buenos tiempos y los malos tiempos—y algunas veces a pesar de las debilidades humanas de aquellos con quienes Él está trabajando—Jesucristo dirige Su Iglesia. Las cosas que suceden en la Iglesia y a la Iglesia no son incidentes aislados—Dios nos está dirigiendo. Él ve lo que nos hace falta. Él ve el futuro y lo que nosotros no podemos ver. Estamos viviendo en el tiempo del fin. Cristo va a regresar a esta tierra. La Iglesia estará lista en conjunto, pero es evidente por lo que nos dice la Escritura, que algunos miembros de Su Cuerpo estarán listos, y algunos no. No obstante, Dios cumplirá Su plan—que Él ha tenido desde la fundación del mundo.

¿Estará usted listo?

Al servicio de Cristo, 

 

Roy Holladay
Presidente

 

 

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