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Queridos
Hermanos,
La Pascua y los
Días de Panes sin Levadura se aproximan rápidamente. Éste es un
tiempo de pensamiento y reflexión al mismo tiempo que
consideramos el amor y el sacrificio de Dios el Padre y de
Jesucristo a través del cumplimiento de estos días. Como en todo
lo que hacemos u observamos de la Biblia, estas fiestas deben
refocalizar nuestras mentes y corazones en Dios. Al tomas la
Pascua, Jesucristo nos dijo que comiéramos del pan y bebiéramos
del vino recordando lo que Él hizo por nosotros, honrándolo
(Lucas 22:19).
¿Por qué
Jesucristo estaba dispuesto a morir por nosotros? La Escrituras
revelan que las razones no son complicadas, sino que son
profundas. Primero, consideramos el amor que Jesucristo
tubo por el Padre Su gran deseo de cumplir la voluntad del Padre
y cumplir este importante paso en el plan de Dios.
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"Porque he
descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el
que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada,
sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad
del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree
en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día
postrero". (Juan 6:38-40).
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"Padre mío,
si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase
tu voluntad" (Mateo 26:42).
A pesar de la
gran angustia y tormento mental que Cristo atravesó previo a Su
crucifixión, sabiendo el terrible sufrimiento que tendría que
pasar, Su deseo supremo era cumplir este rol en el plan de
salvación de Dios para toda la humanidad—el cual, por supuesto,
nos muestra también Su profundo amor y preocupación por
nosotros.
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"puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el
gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el
oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos
12:2).
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"Como el
Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en
mi amor. . . Nadie tiene mayor amor que este, que uno
ponga su vida por sus amigos." (Juan 15:9, 13).
Leemos en
Filipenses 2 cuán grande fue este sacrificio para Jesús y para
el Padre. Por la eternidad, estaba la glorificada, espiritual, y
perfectamente armoniosa existencia de dos Seres en la Divinidad.
Luego, al rededor de 2,000 años atrás, eso cambió—Jesucristo se
volvió humano. Dios el Padre gustosamente dio a Su Hijo a causa
del amor y del plan que Él tenia para Su familia. Jesucristo
gustosamente dejo su gloria a causa de Su amor por todos
nosotros. Si alguna vez tuviésemos que ver a nuestros propios
hijos sufrir alguna pena o dolor, entonces tendríamos una
pequeña visión o sentido de lo que Dios el Padre debe haber
sentido al ver a Su Hijo sufrir tal crueldad en la tierra.
"Haya, pues, en
vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,
siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa
a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma
de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la
condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente
hasta la muerte, y muerte de cruz." (Filipenses 2:5-8).
¿Cómo
recordamos y honramos a Dios el Padre y a Jesucristo durante
este tiempo del año? Nuevamente, las directrices que nos entrega
la Palabra de Dios son simples, aunque con un profundo
significado. Evaluemos nuestras vidas—el cumplimiento de nuestro
llamamiento, nuestro caminar con Dios, nuestra obediencia a Su
voluntad y nuestro amor hacia Él y hacia los demás—a la luz del
ejemplo perfecto de Jesucristo en todas estas áreas (y más). Es
el proceso de examinarse (1 Corintios 11:28; 2 Corintios 13:5).
Después de todo, todo el plan de Dios gira en torno a nosotros
transformándonos como Dios y Cristo en todo aspecto—no
quedándonos como humanos. Dios quiere verse a Si mismo en
nosotros. Él quiere ver a Jesús reflejado en nuestra mente,
corazón, alma y actos.
El ejemplo de
David—un hombre conforme al mismo corazón de Dios—es
instructivo. En Salmos 26:2 él escribe: "Escudríñame, oh Jehová,
y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón."
David sabía que Dios es el experto. Dios sabe nuestro estado,
nuestra actitud y nuestro enfoque. Él ve dentro de nuestro
corazón y mente. Hoy en día tenemos scanners que miran dentro de
nuestro cerebro y nos dice si hay algún tumor o si algo anda
mal. Necesitamos orar a Dios y pedirle que nos muestre cómo está
nuestra mente y corazón. El proceso de examen comienza con el
entendimiento de que Dios debe revelarnos nuestro estado
espiritual (Juan 2:23-25 y Mateo 9:4).
David también
escribió en Salmos 139:23-24 lo siguiente: "Examíname, oh Dios,
y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si
hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno."
Y en Salmos 19:12-14 leemos: "¿Quién podrá entender sus propios
errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a
tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces
seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los
dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti,
Oh Jehová, roca mía, y redentor mío."
David era un
hombre conforme al corazón mismo de Dios ya que constantemente
quería que Dios examinara y limpiara sus pensamientos y caminos.
Él sabia que al seguir a Dios a través de Su Espíritu Santo su
corazón podía ser cambiado y sus caminos enderezados. él sabia
que solo a través del examen podía (con la ayuda de Dios) darse
cuenta de lo que estaba bien y mal.
Esto nos lleva
a un aspecto importante en la auto reflexión de David a la luz
de la perfección de Dios: David vio lo bueno en si mismo
(humildemente), también como lo malo. La evaluación de su propio
carácter no era un ejercicio solamente de auto condenación, sino
que también un reconocimiento de dónde Dios lo había llevado en
rectitud. "¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi
meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus
mandamientos, Porque siempre están conmigo." (Salmos 119:97-98).
Al igual que
David, nuestro examen necesita ser honesto. Necesitamos alabar y
adorar a Dios por Su guía en Su camino y agradecerle por
revelarnos aquellas cosas en nosotros que aun necesitan
corrección. Al hacerlo estaremos participando en cumplir la
voluntad del Padre—convirtiéndonos más como Él y Jesucristo.
Como ustedes
han leído en cartas recientes del Concejo de Ancianos, el
Concejo esta en el proceso de elegir a un nuevo presidente. Por
favor oren para que Dios haga su voluntad y guíe también en
estas materias. Sobre todo, debemos estar agradando bien a
Dios y cumplir Sus deseos. Una vez que un nuevo presidente sea
elegido, démosle a aquella persona nuestro apoyo y nuestras
oraciones en esta difícil misión que le tocará asumir.
Ciertamente
quisiera agradecer a todos por sus oraciones y apoyo durante el
tiempo que he estado en este puesto de servicio. Ha sido una
bendición y un privilegio servir a Dios y a nuestros hermanos de
esta forma. Norma y yo esperamos continuar sirviendo a nuestro
Padre en otros deberes, y ayudar a nuestros hermanos en
cualquier forma posible. Les deseamos a todos un muy
enriquecedor tiempo de Pascua y Días de Panes sin Levadura.
Al servicio de Cristo, |